8 de abril de 2017

Escarcha

Fugitiva y combatiente entre simulaciones y trampas como
piedras que rallan, que cortan, que destrozan la apariencia;
como hielo que atraviesa, que deja supurando, sangrando;
como tormenta que ahoga, como tormenta que mata.

Roto está el silencio que promete quietud,
rota la tela que recubre la misteriosa calma,
abandonado el sosiego fingido de una sociedad mentirosa,
de una sociedad envuelta en comedia barata.

Si me convierto en tormenta fría, congelada
que acaba con todas las palabras hirientes,
si me convierto en trozo de hierro oxidado por el artificio,
si me convierto en hielo, si entierro el miedo,

entonces lluvia, lluvia catastrófica y problemática;
gotas de resentimiento que impiden la vista
a las voluntades oscuras que arrancan mis entrañas.

Pero si mi herida se vuelve escarcha,
escarcha por las flores que atraviesan las malas hierbas,
si me detengo un instante ante el sonido amortiguado de la nada,
entonces la tormenta se torna niebla y, despacio, calla.

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