24 de abril de 2017

Decisiones de hielo y alcohol

Mira al pasado.
¿Lo ves?
Parece que ya has perdido de vista tus objetivos,
que te has extraviado dentro de un laberinto
por dejarte arrastrar por las modas,
por complacer y satisfacer a otras personas
que tienen la maldad como propósito,
por darle demasiada trascendencia a los caprichos de otros.
¿Y ahora qué?
Eres tú el que no sonríe,
el que duerme con la mirada pintada de nostalgia,
el que ha abandonado los sueños en alguna tienda de madrugada.
Y pasas los dedos rencorosos
de cinco en cinco por tu torso
buscando el momento en el que te descarriaste,
pero solo encuentras cicatrices sin curar,
cicatrices cuyos bordes helados acuchillan tu piel.
Ahora bebes y bebes
y el alcohol no cura, el alcohol no sana,
ha convertido tus palabras en inclemencias
que arrancan los recuerdos más tiernos
dejando tu vida llena de miedos.
Todavía guardas la esperanza, ¿verdad?
Aún esperas que entre por la puerta
una tía que no te juzgue por respirar
y no te das cuenta de que el que te juzgas eres tú mismo
cada vez que decides beber una vez más.
Nadie te va a hacer borrar y volver a empezar,
abandonar la pesa que te está hundiendo en ese océano.
¿A quién quieres engañar?
Podrías encontrar el modo de salir,
de volver a escribir tu vida con tus propios dedos
en lugar de coger prestados los de otros.
Espera, detente un instante, no te muevas.
Echa un vistazo a todo lo que has vivido
y a todas esas decisiones de hielo y alcohol
que han creado una nube sobre tu sonrisa.

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