30 de abril de 2017

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Hoy debería ser un día importante. Eso dicen. También dicen que la gente viene al mundo con un propósito, que cada uno tiene una misión en la vida.

Si algo he aprendido en los años que he vivido, es que no hay nada más poderoso que las palabras, capaces de hacer reír y llorar, de herir, de matar, de alegrar, de crear revoluciones, de empezar y acabar guerras... Y si hay algo que necesito es escribir, porque de palabras es de lo que me sustento y yo no quiero morir de hambre. Puede que tenga dudas y miedos, que no tenga nada claro, que tema perderme, encontrarme con personas faltas de poesía y no saber pegarles una patada en el culo para sacarlas de mi vida, hacer cosas en contra de mis principios o permitir que me hagan daño; puede que viva condicionada y encarcelada en esta sociedad. Pero hay algo de entre toda esa confusión que me hace atisbar una salida: las palabras.
Porque por mucho miedo que sienta, sé que las palabras me harán libre y que me pueden quitar todo menos eso, porque las palabras me dan vida. Y si me pierdo, entonces escribiré el camino hasta encontrarme.

Yo no sé si tengo algún propósito, pero no me importa. Sé que, haga lo que haga, quiero hacer libre a la gente de la única manera que sé, porque si hay algo que puedo hacer por las personas, sé que es a través de la palabra.
Hoy debería ser un día importante. Eso dicen. Yo digo hoy que es mi cumpleaños que, hasta el día que me muera, voy a ser libre.


24 de abril de 2017

Decisiones de hielo y alcohol

Mira al pasado.
¿Lo ves?
Parece que ya has perdido de vista tus objetivos,
que te has extraviado dentro de un laberinto
por dejarte arrastrar por las modas,
por complacer y satisfacer a otras personas
que tienen la maldad como propósito,
por darle demasiada trascendencia a los caprichos de otros.
¿Y ahora qué?
Eres tú el que no sonríe,
el que duerme con la mirada pintada de nostalgia,
el que ha abandonado los sueños en alguna tienda de madrugada.
Y pasas los dedos rencorosos
de cinco en cinco por tu torso
buscando el momento en el que te descarriaste,
pero solo encuentras cicatrices sin curar,
cicatrices cuyos bordes helados acuchillan tu piel.
Ahora bebes y bebes
y el alcohol no cura, el alcohol no sana,
ha convertido tus palabras en inclemencias
que arrancan los recuerdos más tiernos
dejando tu vida llena de miedos.
Todavía guardas la esperanza, ¿verdad?
Aún esperas que entre por la puerta
una tía que no te juzgue por respirar
y no te das cuenta de que el que te juzgas eres tú mismo
cada vez que decides beber una vez más.
Nadie te va a hacer borrar y volver a empezar,
abandonar la pesa que te está hundiendo en ese océano.
¿A quién quieres engañar?
Podrías encontrar el modo de salir,
de volver a escribir tu vida con tus propios dedos
en lugar de coger prestados los de otros.
Espera, detente un instante, no te muevas.
Echa un vistazo a todo lo que has vivido
y a todas esas decisiones de hielo y alcohol
que han creado una nube sobre tu sonrisa.

12 de abril de 2017

Incinerada

(Primer premio ex aequo en microrrelato en el concurso literario del IES Miguel Hernández)

Él dijo que me amaría hasta la tumba y ahora solo soy polvo en la habitación abandonada donde él se desnuda y hace el amor a otra mujer.

8 de abril de 2017

Escarcha

Fugitiva y combatiente entre simulaciones y trampas como
piedras que rallan, que cortan, que destrozan la apariencia;
como hielo que atraviesa, que deja supurando, sangrando;
como tormenta que ahoga, como tormenta que mata.

Roto está el silencio que promete quietud,
rota la tela que recubre la misteriosa calma,
abandonado el sosiego fingido de una sociedad mentirosa,
de una sociedad envuelta en comedia barata.

Si me convierto en tormenta fría, congelada
que acaba con todas las palabras hirientes,
si me convierto en trozo de hierro oxidado por el artificio,
si me convierto en hielo, si entierro el miedo,

entonces lluvia, lluvia catastrófica y problemática;
gotas de resentimiento que impiden la vista
a las voluntades oscuras que arrancan mis entrañas.

Pero si mi herida se vuelve escarcha,
escarcha por las flores que atraviesan las malas hierbas,
si me detengo un instante ante el sonido amortiguado de la nada,
entonces la tormenta se torna niebla y, despacio, calla.

1 de abril de 2017

Kilómetro a kilómetro

Huir por la carretera
mientras las pulsaciones se aceleran
y el latido del corazón se vuelve piedra,
una piedra que te golpea el costado
hasta que necesitas parar.
Si sientes el mundo persiguiéndote
y los kilómetros aumentan y aumentan,
si el aliento se vuelve espeso,
si te mueres, muero.
Hay alguien que observa
mientras su silencio crece
y amenaza con estallar en su pecho,
que hace desaparecer todos los obstáculos
para que puedas escapar,
que se abandona a su suerte
porque su suerte se marcha
cada vez que ya no estás.
Huyes por la carretera
mientras alguien ve como te alejas,
kilómetro a kilómetro, intentando encontrar(te).
Si te mueres, muero.
Si te despides, puedo respirar.