8 de febrero de 2017

Responsabilidades omitidas

En respuesta a una crítica que se publicó en "El País" acerca del matonismo en las aulas y la indiferencia ante los inmigrantes.

Es grave asegurar que una sociedad que se quiera justa debería velar por la suerte de los más frágiles; sobre todo si se utiliza el término “frágil” para referirse a aquellas personas que sufren acoso o para aquellos inmigrantes que son vistos con indiferencia. Porque no lo son. El hecho de sufrir bullying no te hace más débil, no te hace menos fuerte. El simple hecho de llamar al que es acosado frágil, ya lo pone por debajo del acosador. Y no es cierto. El acosador es el débil por utilizar ese modo como única forma de enfrentar sus problemas. El acosador necesita hacer sentir inferior al resto, necesita creer que es superior.

Por otra parte, la solución al problema que se cierne sobre esta sociedad cruel y oscura no es cuidar a los que sufren el bullying, sino educar a los acosadores y ofrecerles la ayuda que necesitan para desahogarse sin que sufran otras personas. Pero en vez de eso, nos dedicamos a fingir que no podemos hacer nada por los niños que se suicidan. Nadie ve nada nunca porque no se quieren ver involucrados, bien por la posibilidad de que piensen que es un colegio conflictivo, bien porque no desean enfrentarse al problema en sí. Y así, día tras día, niños y niñas llegan llorando a sus casas suplicando no volver al colegio mientras que los padres no hacen nada porque “seguro que no es para tanto”. Y cuando llega la noticia de que se ha quitado la vida entonces se lamentan y aseguran que no había muestras de que pudiera estar pasando algo así.

Ninguna de esas personas que decide suicidarse lo hace sin motivos. Tampoco es justo comparar a los niños que sufren acoso con los inmigrantes por los que nadie hace nada. Los motivos que tienen no son los mismos. Me pregunto cómo se atreve el autor del texto a llamar “frágil” a una persona que lucha y arriesga su vida, cómo tiene el valor de denominar con ese término a una persona que decide que no es capaz de soportar semejante dolor e indiferencia por parte de otros humanos. ¿Quién es él para juzgar hasta qué punto puede resistir alguien? Los llama frágiles en lugar de calificar a una sociedad que no hace absolutamente nada; al contrario, les pone barreras para que no puedan conseguir una vida mejor. Claro que se suicidan, no tienen otra opción, no les dejan otra salida.

El problema no es el suicidio, es la sociedad que solo mira hacia sí misma, son los adultos que no se preocupan de que sus hijos aprendan a valorar al resto, son los que están en lo alto que no utilizan su poder para ayudar a que todos tengan una buena vida. El problema no es el suicidio en sí, sino los motivos que lo causan y la reacción de echar las culpas a otro cuando sucede.
Todos escuchan con lástima la noticia de un suicidio mientras esconden las manos manchadas de sangre.

2 comentarios:

  1. Grandes palabras, me alegro de haber caído en este blog. Gracias.

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  2. ¡Muchas gracias! Me halaga saber que hay gente que aprecia lo que escribo (aparte de mi familia), de verdad que es una enorme satisfacción ver que hay personas a las que les interesa lo que hago.

    Un saludo.

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