3 de febrero de 2017

Dependencias y canciones

Hay un tema sobre el que no se habla apenas (o al menos yo casi no he escuchado) y que realmente me llama la atención por la importancia que tiene. Me refiero a las canciones que hablan de relaciones de dependencia y de toxicidad como si fueran lo más bonito del mundo, canciones de amor y desamor que gustan a muchísima gente.
Por poner un ejemplo claro, todos sabemos que Pastora Soler es una de las voces más grandes de España. Ella participó en 2012 en Eurovisión con la canción Quédate conmigo, cuyo letrista es el español Tony Sánchez-Ohlsson. Hace unas semanas, no me había parado a escuchar la letra realmente; quiero decir, me la sabía de memoria, pero no me había detenido a pensar en lo que significaba. Cuando lo hice, simplemente me quedé sin palabras. Antes de comentar dicha letra, quiero recalcar que, a mi parecer, la actuación de la cantante fue impresionante y espectacular, no estoy haciendo una crítica a la acutación, sino a la letra. El inicio de la canción es así: 


Perdón si no supe decir
que lo eras todo para mí.
Perdón por el dolor.
Perdona cada lágrima,
yo sé que no merezco más.
Pero si no te tengo aquí
no sé vivir.
Quédate conmigo,
no te vayas, perdóname.

No considero que sea sano pensar que esté bien que una persona lo sea todo para ti hasta el punto de no ser capaz de vivir sin esa persona y que le supliques que vuelva echándote toda la culpa de lo que sea que haya pasado incluso alegando que no mereces nada más. Principalemente porque es una dependencia total hacia la otra persona. Esto habla de que no te valoras, de que pones por encima al otro, de que no eres capaz de ser feliz por tus propios medios.

Lo triste, lo que más me duele es saber que hay demasiadas personas a las que esto les parece bonito, precioso y maravilloso. Y, sobre todo en gente joven, esto influye mucho inconscientemente. Esta canción quizá no, pero otro tipo de melodías más escuchadas por adolescentes pueden resultar incluso dañinas. Ni siquiera tiene que tratar sobre dependencia, con que hable sobre el machismo o la dominación y similares ya es suficiente. Es el caso de canciones como 4 babys de Maluma (es la más extrema que se me ha ocurrido); la tan conocida de Juanes Nada valgo sin tu amor; otra de Eurovisión, esta vez de Anabel Conde en 1995, Vuelve conmigo o Sin ti no soy nada de Amaral. 

Hay mil canciones más y parece que esto no afecta a nadie, que se quedan en canciones animadas, tristes o conocidas. Lo único que importa para la mayoría es la melodía y que sea pegadiza y ¿qué importa lo que diga la letra? ¿Qué importa que la sociedad acabe aceptando inconscientemente que esto es lo "normal" y que está bien? Da miedo pensar lo muy influenciados que estamos todos por cualquier cosa: por la música, los medios, las redes sociales... Pero da más miedo pensar que somos nosotros los que nos dejamos influenciar.

1 comentario:

  1. Me parece muy interesante esta entrada! De hecho, hace tiempo que le llevo dando vueltas a este tema del amor y de la dependencia, las relaciones tóxicas, etc. He escrito algunos posts sobre ello en mi blog.

    Efectivamente hay muchas canciones de amor que hablan sobre este sentimiento de dependencia, sobre la desesperación en el amor. Estas canciones no son la causa de que veamos normal entender el amor como algo dependiente, sino que más bien son el reflejo de lo que vivimos ahora mismo: las relaciones personales mal entendidas. Piensa que muchas veces las personas se sienten identificadas con esas letras y las "viven" cuando las cantan y las escuchan, y eso es porque ellos también viven situaciones similares a las relatadas en las canciones.
    Pienso también que las canciones sirven al artista para desahogarse, para sacar los demonios en un momento dado. Tiene un punto terapéutico, como escribir. Puede que la persona que escribe esas canciones luego no piense así, digamos que "se haya quitado un peso de encima" una vez termine el proceso. Como un exorcismo, vaya. El problema es que la esencia de la canción perdura y si trasciende, puede llegar a muchas otras personas.

    En cualquier caso, nos hace falta mucha educación emocional, para no hacernos tanto daño, ni a los demás ni a nosotros mismos.

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