9 de enero de 2017

Romper un espejo

Tal vez necesite romper un espejo
para demostrarme a mí misma
que nuestro cuerpo no es un secreto
y que ni la piel más perfecta
triunfa entre palabras y versos.
Tal vez necesite romper un espejo
o dos o tres o arrancarme el aliento
y entender que hasta un inepto
sería capaz de sonreír y parecer bello.
Tal vez necesite romper un espejo
y GRITAR hasta que se acabara el tiempo
para después mirar y pensar
que todo el mundo tiene complejos
y que no estamos solos, sino ciegos.
Tal vez necesite romper un espejo
y no volverme a mirar
porque, joder, qué importa
si yo me siento bien ahora mismo.
Que los demás digan lo que quieran
que aquí nadie es perfecto,
que yo no voy a correr detrás de un tren
ni voy a caminar apresurada
con un pulmón en la garganta.
Que los demás se peleen por el primer puesto
que yo estoy muy bien en el sexto.
Que los demás corran detrás de ese tren,
que yo mientras me quedo
en la parada sentada
porque siempre llega uno más.
Y aunque se dijo una vez
que el tren no pasa dos veces,
nadie se paró a pensar
que, quizás,
podían esperar al siguiente.

2 comentarios:

  1. Pues si es lo que necesitas, adelante, rómpelo. O tal vez puedes dejarlo donde está y sonreírle.

    Siempre he pensado que cuando un tren se va a los cinco minutos viene otro por la misma vía (a mí me pasa cada mañana, y me salva, porque siempre voy tarde a todo).

    Todo es cuestión de paciencia supongo y de encontrar el sitio de uno mismo, no el que los demás esperan que tengamos

    Salud.

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  2. El único dilema es creer que te subes al tren acertado.

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