30 de octubre de 2016

Ellos

Huir.
Llevaba intentando escapar varios días, intentando que me perdieran la pista; y la única forma posible era yendo al lugar menos lógico. 
Pero eso era lo que ellos pensaban que haría. Eran capaces de predecir todos y cada uno de mis movimientos, conocían mi forma de pensar y de actuar. ¿Cómo podría librarme de ellos si sabían lo que iba a hacer antes incluso de que yo lo supiera?
De modo que volví al principio de todo, al lugar al que ellos sabrían que yo iría; y ellos sabrían que yo lo sabría. No obstante, yo contaba con un factor que no podían controlar y que me daba una cierta ventaja.
Solo tenía que llegar al lugar donde se inició todo y esperar que él estuviera ahí, porque ellos me controlaban a mí, pero no lo controlaban a él. Podrían intentar predecir sus movimientos a raíz de lo que yo sabía y conocía de él, que era mucho más de lo que me gustaría. Sin embargo, seguían sin controlar el único factor que me otorgaba ventaja. Y eso me daba la confianza suficiente como para bloquear el pánico y enfrentarme de una vez por todas a ellos.

No tenía mucho tiempo, apenas contaba con unos segundos antes de que llegaran. Una vez los tuviera delante no habría vuelta atrás. Me quedé quieta, totalmente inmóvil mientras esperaba que se materializaran ante mí.
Sabía que él estaba. No lo había visto ni oído ni olido. Pero sabía que estaba, lo podía sentir. Y no sabía qué haría, de modo que ellos no sabían qué era. Y eso me daba el poder que necesitaba para vencerles. 
Llegaron justo en el momento en el que yo sabía que llegarían y no hice nada. Ellos sabían que yo no haría nada y tampoco hicieron ningún movimiento. Sabían que él estaba allí y creían saber lo que él haría; sabían cuál sería su siguiente movimiento lógico. Y ahí radicaba el problema.

Él no seguiría ningún movimiento lógico. Yo lo sabía, pero ellos no. Ellos podían predecir el movimiento que haría si no estuviera metido el amor de por medio. El amor, el único factor que no podían controlar. Porque el amor es irracional e ilógico, no sigue normas, no sigue ningún patrón lógico.

El sonido retumbó en las paredes y, poco después, sentí sangre resbalar por mi cuerpo. Un segundo tiro y supe que a él también le quedaban unos segundos de vida.
El amor era lo único irracional. Él me había librado de ellos de la única forma que ellos no podían controlar. Él estaba enamorado de mí y yo estaba enamorada de él y ellos no podían predecir el siguiente movimiento: huir.

1 comentario:

  1. Ay el amor, como cantaba Sabina: "cuando no muere mata..."

    Salud!

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