2 de septiembre de 2016

El Café Antiguo III - Carmen

Al entrar en la cafetería, la camarera está recogiendo unos trozos de porcelana del suelo. Parece que se ha tropezado.

Cuando he desbloqueado el móvil y he visto sus mensajes mis ojos se han iluminado. Esta mañana no tenía nada que hacer, de modo que su invitación me ha animado el día. Me he vestido con rapidez, quería ir arreglada, pero no demasiado. He llegado hasta la cafetería en apenas unos minutos y, cuando he abierto la puerta, el aroma a café ha invadido mis fosas nasales.

Ahora, de pie delante de la puerta, me detengo unos instantes para buscarlo entre la gente. No está muy lleno, lo que resulta agradable. Hay un anciano al fondo leyendo un periódico, unas adolescentes a un lado desayunando, una mujer con una niña pequeña, probablemente su hija, la camarera recogiendo algunos trozos rotos de porcelana del suelo y una muchacha con un portátil abierto y una libreta cerrada a un lado. Esta última parece que me observa, aunque no me centro mucho en ella ya que pronto encuentro a la persona que busco.
Está sentado en un taburete en la barra, su pelo claro y su piel morena le dan el aspecto de surfero que recordaba y que tanto me llamó la atención la primera vez que le vi. Me acerco hacia él, decidida y le doy un beso en los labios que no le sorprende.

-Hola, Carmen -me saluda dibujando una sonrisa.

-Hola, Noël -le devuelvo la sonrisa-. ¿Y esta invitación tan repentina?

-Me apetecía verte -contesta él a la vez que tamborilea sus dedos contra la madera-. Te echaba de menos.

Me siento en el taburete libre y me aparto un mechón de pelo suelto de la cara.

-Me gusta tu nuevo corte de pelo -comenta observándome-. Remarca más la forma de tu cara.

-Gracias. La verdad es que no estaba segura de que me fuera a quedar bien, pero estoy satisfecha con el resultado -explico-. ¿Estabas aquí tú solo?

-Sí, he venido a desayunar y se me ha ocurrido que podría ser un buen momento para estar contigo.

Sonrío de nuevo y decido pedir algo a la camarera, una mujer de aspecto amable que, después de solucionar el incidente, se ha acercado.

-Buenos días -la saludo-. ¿Qué puedo tomar?

-Tenemos una gran variedad de cafés, aunque te sugiero que pruebes el BombonoLatte, la especialidad de invierno -me explica-. Consiste en un café bombón pero con un ligero toque a chocolate. Delicioso para días de mucho frío.

-De acuerdo, ponme uno.

-Yo quiero otro -añade Noël.

La camarera prepara los cafés y, mientras tanto, le pregunto acerca de su próxima noche con Klaudia.

-Será rápido, se lo diré y acabaré con todo el embrollo -asegura.

-Lo harás, ¿verdad? -pregunto sin confiar del todo en sus palabras.

La camarera nos sirve los cafés, que tienen buen aspecto, pero yo sigo esperando una respuesta por parte de él.

-Es el momento, no lo voy a atrasar más. Tengo que decírselo.
Acepto su afirmación y pruebo el café, que está delicioso. Minutos después, pagamos la cuenta a medias y salimos del lugar.

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