1 de septiembre de 2016

El Café Antiguo II - Ainhoa

¡Crash!
Las tazas rotas en el suelo me paralizan unos instantes.

-¡Lo siento! Perdona -escucho que me dice la chica que me ha hecho desestabilizarme-. Lo siento mucho, Ainhoa- dice tras mirar la placa donde ponde mi nombre.

Salgo de mi estupor y reacciono con rapidez.

-No te preocupes -me apresuro a decir-. Yo recojo todo esto, siéntate y ahora te atiendo -le muestro una sonrisa despreocupada y me agacho para colocar los trozos de porcelana más grandes sobre la bandeja.

La chica ya se ha marchado a la barra y se ha sentado junto al jóven rubio al que he atendido antes. Me dirijo hacia la basura para tirar los trozos de porcelana y vuelvo al lugar del desastre para continuar recogiendo. Entretanto, los muchachos se han saludado, tienen aspecto de hacer buena pareja.
Al volver a la barra, la chica me pide un café con leche que le sirvo al instante. Me apresuro a limpiar el suelo antes de que alguien se resbale con el líquido que ha caído.

-... y me gustaría que nos viéramos mañana por la noche -escucho que dice la joven cuando paso por su lado.

Friego el líquido derramado y miro que a nadie le falte nada por pedir. Cuando vuelvo con la fregona, el chico le susurra algo al oído de ella, que asiente mientras él se marcha al servicio. Una chica entra casi corriendo al lugar sin que me dé tiempo a advertirle del suelo mojado pero, por suerte, no ha pasado por ahí. Se dirige directamente hacia la joven de la barra.

-... pero la mujer ha enfermado y no sabe si tendrá para mañana los pastelitos que había encargado -explica la chica que ha llegado, tiene el pelo liso y los ojos claros-. Tal vez tengas que pedírselo sin ellos, aunque será menos romántico.

-¿Quieres tomar algo? -interrumpo a la chica.

-No, gracias. Me tengo que ir ya.

El muchacho vuelve del servicio y se sorprende al ver a la chica que acaba de llegar.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -pregunta tras saludarle con dos besos.

-Voy a robártela un rato -dice refiriéndose a la otra muchacha.

-Vale, no te preocupes, yo pago.

Se despiden y las dos jóvenes salen de la cafetería.

Vuelvo con la escoba a acabar de barrer las virutas de porcelana cuando escucho que se abre la puerta de nuevo, tardo algo más de tiempo en girarme y, cuando vuelvo, veo a una joven de pelo corto y oscuro hablando con el chico. ¿Es que este hombre conoce a toda la ciudad?

-Buenos días -me dice la joven cuando me acerco-. ¿Qué puedo tomar?

-Tenemos una gran variedad de cafés, aunque te sugiero que pruebes el BombonoLatte, la especialidad de invierno. Consiste en un café bombón pero con un ligero toque a chocolate. Delicioso para días de mucho frío.

-De acuerdo, ponme uno.

-Yo quiero otro -añade el joven. Parece que no le importa el haber terminado de tomarse un café unos minutos antes.

Me dirijo a la cafetera y preparo los cafés. Cuando los sirvo, ellos siguen hablando.

-Lo harás, ¿verdad? -dice ella.

-Es el momento, no lo voy a atrasar más. Tengo que decírselo.

Me pregunto si hablan de la pareja de él o si, por el contrario, es otra persona.
Minutos después, tras haber llevado la cuenta al anciano del periódico, el joven me pide la cuenta y paga lo de la chica que se ha marchado antes y lo suyo. La muchacha del pelo corto solo paga lo suyo y ambos salen de El Café Antiguo.

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