28 de septiembre de 2016

Cantaba el pájaro

Cantaba el pájaro un día
y se ahogó en el aire.

Tal vez tantos árboles caídos
acabaron con su salud.

Piaba el pájaro un día
y se asfixió en el aire.

Tal vez creamos tanto
que el gris cubrió el azul.

Sonaba el pájaro un día
y se silenció en el aire.

Tal vez el sonido estridente
inventó su quietud.

Cantaba el pájaro un día
y se ahogó en el aire.

Tal vez nosotros
fabricamos su ataúd.

26 de septiembre de 2016

Querido diario:

Tengo que escribir en un diario porque el médico se lo sugirió a mi madre. Solo es un poco cada día, pero aseguran que me hará bien.
En mi agenda pone que tengo cita con el médico a las 17:00. No sé bien qué me van a decir tras las pruebas que me han hecho, pero tengo la esperanza de que no sea demasiado grave.
Hoy ha sido un día sencillo, aunque no recuerdo exactamente qué he hecho. No obstante, tengo la sensación de que ha ido bien. 
Tengo la mesa de mi habitación llena de posits y notas y a veces las leo en busca de algo nuevo. Hoy he visto una frase que no había leído antes, aunque la letra con la que está escrita es mía.
Abro mi agenda para saber qué tengo que hacer hoy y veo que hay una cita con el médico a las 17:00. Las pruebas del otro día fueron sencillas, el doctor solo me pidió que recordara una expresión y luego me hizo hablar de mi infancia. Cuando me pidió que le dijera la expresión no la recordaba. Todavía estoy esperando las respuestas a las pruebas, espero que no quede mucho para la cita con el médico.
Ha entrado mi madre hace unos instantes y le he preguntado qué había de comer. Me ha dicho que ya habíamos comido, de modo que me he tranquilizado porque no tenía hambre y no sabía por qué.
Miro en mi agenda si hoy tengo algo importante que hacer y veo que tengo cita con el médico a las 17:00, supongo que mi madre me llevará en coche. Creo que iré a avisarla antes de que se me olvide.

25 de septiembre de 2016

Desvanecerse

La niebla ya esta cerniéndose sobre nosotros
y no tengo tiempo para mirarte una última vez.

Alarga tu mano hacia mi cuerpo
y acaricia mi rostro antes de que te vuelva a perder.

Apenas soy capaz ya de oír tus palabras
y el vacío me está hiriendo la piel.

Si deseo con fuerza que no desaparezcas
tal vez se marche la sensación de caer.

Y si en algún momento la niebla se disipa
puede que nos volvamos a ver.

22 de septiembre de 2016

Nadie vive dos veces

Solo vive;
vive y sé.
Porque nadie vive dos veces.
Porque nadie es dos veces.

Solo sueña
y ríe
y llora
y piensa
y mira
y lee
y habla
y corre
y gana
y pierde
y abraza
y escribe
y escucha
y viaja
y ama
y... vive
y... sé.

Porque nadie vive dos veces.
Porque nadie es dos veces.

Apaga la alarma

Hazlo:
cumple con esa sed de venganza;
destroza su llanto
y acaba con todo lo que la tiene varada.

Hazlo:
revienta el silencio con palabras;
atrápala entre misterios
y que halle el fin de la desconfianza.

Hazlo:
jura que quedará su ausencia grabada;
desintegra su techo
y que se quede sin nada.

Hazlo:
estalla la bomba ante su atenta mirada;
termina con el miedo
que la mantiene paralizada.

Hazlo:
destruye las paredes manchadas;
que entre la luz a raudales
y se apague la última alarma.

21 de septiembre de 2016

A contrarreloj

Pasos, latidos, gestos.

Y me estoy quedando atrasada en un mundo que no deja de avanzar; me estoy quedando atrás y apenas puedo pararme a mirar.

Gritos, risas, lágrimas.

Y yo no entiendo más que lo que puedo pensar; intento correr sin tropezar y caigo una y otra y otra vez más.

Letras, palabras, párrafos.

Y yo no logro escribir tan rápido; mis dedos no trazan el dibujo adecuado y no comprendo el significado de esta absurda obra de teatro que avanza sin entreactos.

Miradas, guiños, tratos.

Y yo no tengo tiempo para interpretar algo en esta carrera que nos lleva demasiado rápido; no encuentro pausas para respirar un rato.

Silencio, tiempo, descanso.

Y yo me acerco con la respiración acelerada y el corazón atrapado; intentando obrar una hazaña que me permita ir más despacio; con estas prisas no hallo forma de dar más de dos pasos sin caer en este suelo lleno de obstáculos.

13 de septiembre de 2016

Subjuntivo

Tal vez abandone,
ceda,
me desentienda.

Tal vez acabe,
         termine,
pida la cuenta.

Tal vez afloje,
deje,
suelte las riendas.

Tal vez no piense,
     me deje llevar
        y por fin sea.

4 de septiembre de 2016

El Café Antiguo VI - Noël

¡Crash!
Un golpe estridente me sobresalta y giro la cabeza hacia la puerta. Una chica alta se disculpa con la camarera con la que parece que ha chocado y le ha hecho volcar la bandeja con un par de tazas. Se disculpa con ella y, cuando me ve, se acerca hasta mí sonriendo.

-Hola -me dice una vez se sienta en el taburete de mi lado-. ¿Cómo has amanecido?

-Muy bien, ¿y tú? -digo removiendo el café que he pedido con una cucharilla. Se oye el tintineo de metal contra porcelana.

-Igual -responde cruzándose de piernas-. He tenido una idea.

Su comentario me intriga y me hace entrecerrar los ojos.

-¿Cuál? -pregunto cauteloso.

-Espera, ahora te lo digo -responde antes de pedir un café con leche.

Hago una mueca impaciente y doy un sorbo a mi café.

-Se me ha ocurrido que nunca hemos tenido ninguna cita formal y me gustaría que nos viéramos mañana por la noche -dice finalmente.

Me paro a pensar en su idea. Es cierto que en estos tres años de relación nunca hemos tenido una cita formal y planificada, siempre ha sido todo espontáneo. Tal vez sea el momento de decírselo o Carmen se enfadará.

-Vale, no hay problema. Me parece una idea estupenda -respondo y sonrío. Pongo mi mano sobre la suya y me acerco a su oído.

-Te quiero -le susurro-. Ahora lo hablamos - me separo de ella-. Voy al servicio.

Me dirijo hacia la puerta del aseo y, una vez dentro, me apoyo en la pared; saco el móvil del bolsillo y le mando un mensaje a Carmen:

"Buenos días, guapa. Mañana por la noche he quedado con Klaudia y voy a aprovechar la situación para decírselo."

Bloqueo de nuevo el móvil y me dirijo a la barra, donde me encuentro con Andrea, mi hermana.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -pregunto tras saludarle con dos besos.

-Voy a robártela un rato -contesta señalando a Klaudia.

-Vale, no te preocupes, yo pago -digo.

Mi novia me sonríe, la miro y luego se marcha con Andrea.
Cuando ya no las veo, desbloqueo el móvil y abro mi conversación con Carmen. Todavía no ha leído el primero, de modo que la mando uno nuevo:

"Estoy en El Café Antiguo, ¿te apetece desayunar hoy conmigo?"

Al rato veo a una joven con gafas de montura negra entrar, es Carmen. Se detiene justo al entrar y examina el lugar con la mirada hasta que me ve. Se acerca hasta mí, segura, y me da un beso en los labios.

-Hola, Carmen -le saludo con una sonrisa.

-Hola, Noël -me devuelve la sonrisa-. ¿Y esta invitación tan repentina?

-Me apetecía verte -contesto a la vez que tamborileo mis dedos contra la madera-. Te echaba de menos.

Se sienta en el taburete libre y se aparta un mechón de pelo suelto de la cara.

-Me gusta tu nuevo corte de pelo -comento observándola-. Remarca más la forma de tu cara.

Me quedo mirándola unos segundos y ella se pone nerviosa.

-Gracias. La verdad es que no estaba segura de que me fuera a quedar bien, pero estoy satisfecha con el resultado -me cuenta-. ¿Estabas aquí tú solo?

-Sí, he venido a desayunar y se me ha ocurrido que podría ser un buen momento para estar contigo -miento y creo que no se da cuenta de que no he venido por ella.

-Buenos días. ¿Qué puedo tomar? -pregunta Carmen a la camarera.

-Tenemos una gran variedad de cafés, aunque te sugiero que pruebes el BombonoLatte, la especialidad de invierno -le explica-. Consiste en un café bombón pero con un ligero toque a chocolate. Delicioso para días de mucho frío.

-De acuerdo, ponme uno -pide.

-Yo quiero otro -añado.

La camarera prepara los cafés y, mientras tanto, Carmen me pregunta acerca de mi próxima noche con Klaudia.

-Será rápido, se lo diré y acabaré con todo el embrollo -aseguro. Tengo que decirle que le estoy engañando, apenas puedo mantener la mentira y no quiero que sufra más.

-Lo harás, ¿verdad? -pregunta sin confiar del todo en mí, y no me extraña.

La camarera nos sirve los cafés, que tienen buen aspecto.

-Es el momento, no lo voy a atrasar más. Tengo que decírselo.

Asiente y prueba el café, que está delicioso. Minutos después, pagamos la cuenta a medias y salimos del lugar mientras pienso en todo, en si decírselo es lo correcto, en si acabar con la relación con Klaudia por estar con Carmen es lo mejor, en si realmente lo merece. Pero debo hacerlo.

3 de septiembre de 2016

El Café Antiguo V - Andrea

Entro corriendo a la cafetería y cruzo hasta la barra sin apenas darme cuenta de la camarera que está agachada en el suelo. La llamada de la panadera me ha preocupado bastante, quiero que lo de Klaudia y mi hermano salga bien, que todo salga perfecto y ver a los dos felices por fin.

-Hola, Klaudia -le digo a mi amiga cuando llego junto a ella.

Al girar la cabeza veo una chica mirando hacia aquí, aunque aparta la mirada rápidamente. Teclea en un portátil y bebe de una taza blanca. No muy lejos de ella hay un cartel que me hace sonreír.

-Vaya, hola. ¿Qué haces aquí? -miro de nuevo a mi amiga.

-Tengo que informarte sobre el plan de mañana y lo de pedir matrimonio a mi hermano. Todo iba bien, pero la mujer ha enfermado y no sabe si tendrá para mañana los pastelitos que había encargado -le explico-. Tal vez tengas que pedírselo sin ellos, aunque será menos romántico.

-¿Quieres tomar algo? -interrumpe la camarera.

-No, gracias. Me tengo que ir ya -le respondo educadamente y le muestro una sonrisa cordial.

Entonces veo a mi hermano caminar hacia aquí desde el servicio.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -me pregunta tras saludarme con dos besos.

-Voy a robártela un rato -contesto señalando a Klaudia y encogiéndome de hombros.

-Vale, no te preocupes, yo pago -dice él. A veces me sorprende lo caballeroso que es.

Me despido con la mano y nosotras salimos del lugar.

2 de septiembre de 2016

El Café Antiguo IV - Klaudia

¡Crash!
Recupero el equilibrio y veo el desastre que he montado sin querer. La camarera se queda unos instantes paralizada.

-¡Lo siento! Perdona -me apresuro a decir a la camarera-. Lo siento mucho, Ainhoa -digo mirando la placa en la que pone su nombre.

 -No te preocupes -responde ella-. Yo recojo todo esto, siéntate y ahora te atiendo -me muestra una sonrisa despreocupada y se agacha para colocar los trozos de porcelana más grandes sobre la bandeja.

Le veo y camino hacia él procurando no caer.

-Hola -digo sonriendo al sentarme en el taburete de su lado-. ¿Cómo has amanecido?

-Muy bien, ¿y tú? -dice removiendo el café que ha pedido con una cucharilla. Se oye el tintineo de metal contra porcelana.

-Igual -respondo cruzándome de piernas-. He tenido una idea.

-¿Cuál?

-Espera, ahora te lo digo -comento antes de pedir un café con leche.

-Se me ha ocurrido que nunca hemos tenido ninguna cita formal y me gustaría que nos viéramos mañana por la noche.

-Vale, no hay problema. Me parece una idea estupenda -sonríe y pone su mano sobre la mía antes de acercarse a mi oído.

-Te quiero - me susurra-. Ahora lo hablamos -se separa-. Voy al servicio.

Asiento con la cabeza y él se marcha. Doy un sorblo a mi café, nerviosa por la cita aunque sabiendo que después de tres años no debería estarlo. El sonido de la puerta hace que mire hacia allí y veo entrar a mi amiga Andrea con una mueca de preocupación dibujada en el rostro.

-Hola, Klaudia -me saluda y gira la cabeza inspeccionando el lugar.

-Vaya, hola. ¿Qué haces aquí?

-Tengo que informarte sobre el plan de mañana y lo de pedir matrimonio a mi hermano. Todo iba bien, pero la mujer ha enfermado y no sabe si tendrá para mañana los pastelitos que había encargado -me explica-. Tal vez tengas que pedírselo sin ellos, aunque será menos romántico.

-¿Quieres tomar algo? -interrumpe la camarera.

-No, gracias. Me tengo que ir ya.

Noël vuelve del servicio y dibuja un gesto de sorpresa al encontrarse con su hermana.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -pregunta tras saludarle con dos besos.

-Voy a robártela un rato -contesta señalándome.

-Vale, no te preocupes, yo pago.

Sonrío, nos miramos y salgo con Andrea de la cafetería.

El Café Antiguo III - Carmen

Al entrar en la cafetería, la camarera está recogiendo unos trozos de porcelana del suelo. Parece que se ha tropezado.

Cuando he desbloqueado el móvil y he visto sus mensajes mis ojos se han iluminado. Esta mañana no tenía nada que hacer, de modo que su invitación me ha animado el día. Me he vestido con rapidez, quería ir arreglada, pero no demasiado. He llegado hasta la cafetería en apenas unos minutos y, cuando he abierto la puerta, el aroma a café ha invadido mis fosas nasales.

Ahora, de pie delante de la puerta, me detengo unos instantes para buscarlo entre la gente. No está muy lleno, lo que resulta agradable. Hay un anciano al fondo leyendo un periódico, unas adolescentes a un lado desayunando, una mujer con una niña pequeña, probablemente su hija, la camarera recogiendo algunos trozos rotos de porcelana del suelo y una muchacha con un portátil abierto y una libreta cerrada a un lado. Esta última parece que me observa, aunque no me centro mucho en ella ya que pronto encuentro a la persona que busco.
Está sentado en un taburete en la barra, su pelo claro y su piel morena le dan el aspecto de surfero que recordaba y que tanto me llamó la atención la primera vez que le vi. Me acerco hacia él, decidida y le doy un beso en los labios que no le sorprende.

-Hola, Carmen -me saluda dibujando una sonrisa.

-Hola, Noël -le devuelvo la sonrisa-. ¿Y esta invitación tan repentina?

-Me apetecía verte -contesta él a la vez que tamborilea sus dedos contra la madera-. Te echaba de menos.

Me siento en el taburete libre y me aparto un mechón de pelo suelto de la cara.

-Me gusta tu nuevo corte de pelo -comenta observándome-. Remarca más la forma de tu cara.

-Gracias. La verdad es que no estaba segura de que me fuera a quedar bien, pero estoy satisfecha con el resultado -explico-. ¿Estabas aquí tú solo?

-Sí, he venido a desayunar y se me ha ocurrido que podría ser un buen momento para estar contigo.

Sonrío de nuevo y decido pedir algo a la camarera, una mujer de aspecto amable que, después de solucionar el incidente, se ha acercado.

-Buenos días -la saludo-. ¿Qué puedo tomar?

-Tenemos una gran variedad de cafés, aunque te sugiero que pruebes el BombonoLatte, la especialidad de invierno -me explica-. Consiste en un café bombón pero con un ligero toque a chocolate. Delicioso para días de mucho frío.

-De acuerdo, ponme uno.

-Yo quiero otro -añade Noël.

La camarera prepara los cafés y, mientras tanto, le pregunto acerca de su próxima noche con Klaudia.

-Será rápido, se lo diré y acabaré con todo el embrollo -asegura.

-Lo harás, ¿verdad? -pregunto sin confiar del todo en sus palabras.

La camarera nos sirve los cafés, que tienen buen aspecto, pero yo sigo esperando una respuesta por parte de él.

-Es el momento, no lo voy a atrasar más. Tengo que decírselo.
Acepto su afirmación y pruebo el café, que está delicioso. Minutos después, pagamos la cuenta a medias y salimos del lugar.

1 de septiembre de 2016

El Café Antiguo II - Ainhoa

¡Crash!
Las tazas rotas en el suelo me paralizan unos instantes.

-¡Lo siento! Perdona -escucho que me dice la chica que me ha hecho desestabilizarme-. Lo siento mucho, Ainhoa- dice tras mirar la placa donde ponde mi nombre.

Salgo de mi estupor y reacciono con rapidez.

-No te preocupes -me apresuro a decir-. Yo recojo todo esto, siéntate y ahora te atiendo -le muestro una sonrisa despreocupada y me agacho para colocar los trozos de porcelana más grandes sobre la bandeja.

La chica ya se ha marchado a la barra y se ha sentado junto al jóven rubio al que he atendido antes. Me dirijo hacia la basura para tirar los trozos de porcelana y vuelvo al lugar del desastre para continuar recogiendo. Entretanto, los muchachos se han saludado, tienen aspecto de hacer buena pareja.
Al volver a la barra, la chica me pide un café con leche que le sirvo al instante. Me apresuro a limpiar el suelo antes de que alguien se resbale con el líquido que ha caído.

-... y me gustaría que nos viéramos mañana por la noche -escucho que dice la joven cuando paso por su lado.

Friego el líquido derramado y miro que a nadie le falte nada por pedir. Cuando vuelvo con la fregona, el chico le susurra algo al oído de ella, que asiente mientras él se marcha al servicio. Una chica entra casi corriendo al lugar sin que me dé tiempo a advertirle del suelo mojado pero, por suerte, no ha pasado por ahí. Se dirige directamente hacia la joven de la barra.

-... pero la mujer ha enfermado y no sabe si tendrá para mañana los pastelitos que había encargado -explica la chica que ha llegado, tiene el pelo liso y los ojos claros-. Tal vez tengas que pedírselo sin ellos, aunque será menos romántico.

-¿Quieres tomar algo? -interrumpo a la chica.

-No, gracias. Me tengo que ir ya.

El muchacho vuelve del servicio y se sorprende al ver a la chica que acaba de llegar.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -pregunta tras saludarle con dos besos.

-Voy a robártela un rato -dice refiriéndose a la otra muchacha.

-Vale, no te preocupes, yo pago.

Se despiden y las dos jóvenes salen de la cafetería.

Vuelvo con la escoba a acabar de barrer las virutas de porcelana cuando escucho que se abre la puerta de nuevo, tardo algo más de tiempo en girarme y, cuando vuelvo, veo a una joven de pelo corto y oscuro hablando con el chico. ¿Es que este hombre conoce a toda la ciudad?

-Buenos días -me dice la joven cuando me acerco-. ¿Qué puedo tomar?

-Tenemos una gran variedad de cafés, aunque te sugiero que pruebes el BombonoLatte, la especialidad de invierno. Consiste en un café bombón pero con un ligero toque a chocolate. Delicioso para días de mucho frío.

-De acuerdo, ponme uno.

-Yo quiero otro -añade el joven. Parece que no le importa el haber terminado de tomarse un café unos minutos antes.

Me dirijo a la cafetera y preparo los cafés. Cuando los sirvo, ellos siguen hablando.

-Lo harás, ¿verdad? -dice ella.

-Es el momento, no lo voy a atrasar más. Tengo que decírselo.

Me pregunto si hablan de la pareja de él o si, por el contrario, es otra persona.
Minutos después, tras haber llevado la cuenta al anciano del periódico, el joven me pide la cuenta y paga lo de la chica que se ha marchado antes y lo suyo. La muchacha del pelo corto solo paga lo suyo y ambos salen de El Café Antiguo.

El Café Antiguo I - Ángela

¡Crash!
Un golpe estridente me sobresalta y giro la cabeza hacia la puerta. Una chica alta se disculpa con la camarera con la que parece que ha chocado y le ha hecho volcar la bandeja con un par de tazas.
Vuelvo la cabeza de nuevo hacia mi ordenador portátil y mi diario de viaje.

"Ángela, 21 años. Fotógrafa, bailarina y viajera.

Comencé mi viaje con una cámara, un mapa, un diario en blanco, unas puntas de ballet y una pregunta: ¿qué me depararía la aventura que estaba a punto de empezar?"

Suelto un suspiro y miro unos segundos hacia la barra en la que la pareja charla animadamente, da la sensación de que están enamorados. En mi mente se empieza a formar una historia sobre lo que han podido pasar e, inconscientemente, cierro mi diario de viaje y abro un documento de texto en blanco.
Ella, una joven de pelo largo, castaño y ondulado, sujeta una taza en una mano, está cruzada de piernas sobre el taburete, pero su cuerpo está dirigido hacia el chico con el que charla, por lo que supongo que está interesada en la conversación. Él, un atractivo muchacho rubio, sonríe y deja su taza sobre el plato que hay encima de la tabla de madera para después depositar su mano sobre la mano de ella. Son una pareja de foto, quizá lleven juntos unos meses; a lo mejor hoy es su aniversario del primer año juntos. ¿Quién sabe?
El chico le susurra algo al oído y se dirige al servicio.
Me centro en mi ordenador y, por el rabillo del ojo, veo entrar a una chica de pelo liso que se acerca rápidamente a la primera joven, ¿una amiga? Le comenta algo con expresión preocupada y la otra escucha atentamente. Cuando el muchacho vuelve del servicio, su novia parece despedirse de él y la chica del pelo liso le da un abrazo, supongo que se conocen.
Esquivan los trozos de porcelana que la camarera está recogiendo y salen por la puerta. Tecleo velozmente a la vez que observo al joven que acaba de perder la sonrisa. Se termina el café, que pronto es retirado por la camarera, y saca su móvil del bolsillo. Desliza los dedos rápidamente sobre la pantalla, bloquea el aparato electrónico y espera. Me pregunto a quién habrá escrito, ¿a un amigo? ¿A la chica que se acaba de ir?
Aprovecho la situación para dejar que mi imaginación fluya a través de mis dedos, para crear una historia y, minutos después, la puerta de la cafetería se abre de nuevo. Es otra chica, una muchacha de pelo corto y oscuro. Lleva unas gafas de montura negra.
Recorre con los ojos todo el lugar y deposita su mirada sobre el joven de la barra para después caminar hacia él, despreocupada. Le besa en los labios. Frunzo el ceño. ¿Será la novia del chico? ¿Y si le está engañando con la joven que se ha ido corriendo? Un odio empieza a crecer en mí hacia él. ¿La chica que acaba de llegar lo sabrá? ¿Qué culpa tendrá la otra? Si fuera ella llevaría cuidado. Hablan un rato, conversan con la camarera, ella les sirve dos tazas grandes y yo tecleo la escena que me acabo de encontrar. Al rato, ambos se marchan sonrientes de la cafetería después de que él pague la cuenta. La camarera solo entrecierra los ojos, sonríe educadamente cuando se despiden y se lleva las tazas vacías de los dos jóvenes.