19 de agosto de 2016

Limerencia

Me quedo unos segundos pensativa.

-Hay algo que me preocupa- le digo girando la cabeza hacia él para poder verle de frente-. Y es una preocupación alarmante.

Me mira frunciendo el ceño mientras espera que continúe hablando, como hace siempre que tengo que contarle algo que me ronda la cabeza; como intentando adivinar qué es antes de que lo diga, pero como si, al mismo tiempo, estuviera impaciente por saberlo.

-Yo podría pasarme horas así- explico haciendo un movimiento con el brazo, abarcando la situación en la que nos encontramos-. Simplemente mirándote, sintiéndote, sabiendo que estás; pero tengo la sensación de que a ti no te basta, que tú no estás del todo cómodo con ésto, que preferirías encontrarte en otra situación. Y, de algún modo, sentir eso me aterroriza. ¿Estoy en lo cierto?

-Más o menos- contesta tras mostrarse pensativo unos instantes-. Es cierto que con otra persona pudiera sentirme más cómodo en otra situación; pero estoy contigo, y el simple hecho de saber que tú te sientes bien, que te gusta estar conmigo, que te tengo aquí, a mí me vale. No necesito nada más para ser feliz. Yo no podría sentirme bien si tú no te sintieras bien, ¿lo entiendes? Ahora mismo, yo me siento perfecto así, aunque espero que comprendas que tal vez necesite algo más en otro momento, pero no ahora.

Asiento con la cabeza, vuelvo a mirar al frente y suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo; mis músculos se destensan y respiro aliviada mientras sus manos rodean las mías; el pecho se me desinfla y cierro los ojos llena de dicha, sin necesitar nada más que su respiración acompasada a la mía.

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