29 de agosto de 2016

Frases (des)hechas

Pondría la mano en el fuego por ti; la mano, los dedos, las uñas y aquella nota que me dejaste en la que ponías los puntos sobre las íes. 

Intenté aferrarme a ti de todas las maneras posibles, pero era como aferrarse a un clavo ardiendo, un clavo del que resultaba menos doloroso soltarse que mantenerse en él.

Ya no te veo venir, al menos yo que te he visto ir y no volver; ni siquiera me has dejado un recuerdo tuyo para que pueda soñarte.

Me aseguraste que dos son compañía y tres son multitud, y por mucho tiempo creí que yo era la compañía, pero acabé por darme cuenta que era la multitud. Así que supuse que había gato encerrado, aunque no sé qué pinta el gato en todo esto, a lo mejor ni sabe pintar.

No sé si te has dado cuenta de que nos separa una distancia demasiado grande: desde el suelo en el que estás tú hasta el cielo en el que estoy yo. Siempre decías que estaba en las nubes, ¿no?

Me gustaría que me hubieras buscado las cosquillas en vez de buscarme las heridas.

No sé cómo poner al mal tiempo buena cara, tal vez preferiría poner buenos besos, pero es que no estás y yo ya estoy hasta las cicatrices de ti.

Y ahora me he caído del burro, aunque yo juraría que era un elefante volador. O quizá me he andado tanto por las ramas que alguna se ha roto y me he estrellado contra el suelo.

Supongo que por estar en la Luna, a la tercera va la caída.

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