29 de agosto de 2016

Frases (des)hechas

Pondría la mano en el fuego por ti; la mano, los dedos, las uñas y aquella nota que me dejaste en la que ponías los puntos sobre las íes. 

Intenté aferrarme a ti de todas las maneras posibles, pero era como aferrarse a un clavo ardiendo, un clavo del que resultaba menos doloroso soltarse que mantenerse en él.

Ya no te veo venir, al menos yo que te he visto ir y no volver; ni siquiera me has dejado un recuerdo tuyo para que pueda soñarte.

Me aseguraste que dos son compañía y tres son multitud, y por mucho tiempo creí que yo era la compañía, pero acabé por darme cuenta que era la multitud. Así que supuse que había gato encerrado, aunque no sé qué pinta el gato en todo esto, a lo mejor ni sabe pintar.

No sé si te has dado cuenta de que nos separa una distancia demasiado grande: desde el suelo en el que estás tú hasta el cielo en el que estoy yo. Siempre decías que estaba en las nubes, ¿no?

Me gustaría que me hubieras buscado las cosquillas en vez de buscarme las heridas.

No sé cómo poner al mal tiempo buena cara, tal vez preferiría poner buenos besos, pero es que no estás y yo ya estoy hasta las cicatrices de ti.

Y ahora me he caído del burro, aunque yo juraría que era un elefante volador. O quizá me he andado tanto por las ramas que alguna se ha roto y me he estrellado contra el suelo.

Supongo que por estar en la Luna, a la tercera va la caída.

19 de agosto de 2016

Limerencia

Me quedo unos segundos pensativa.

-Hay algo que me preocupa- le digo girando la cabeza hacia él para poder verle de frente-. Y es una preocupación alarmante.

Me mira frunciendo el ceño mientras espera que continúe hablando, como hace siempre que tengo que contarle algo que me ronda la cabeza; como intentando adivinar qué es antes de que lo diga, pero como si, al mismo tiempo, estuviera impaciente por saberlo.

-Yo podría pasarme horas así- explico haciendo un movimiento con el brazo, abarcando la situación en la que nos encontramos-. Simplemente mirándote, sintiéndote, sabiendo que estás; pero tengo la sensación de que a ti no te basta, que tú no estás del todo cómodo con ésto, que preferirías encontrarte en otra situación. Y, de algún modo, sentir eso me aterroriza. ¿Estoy en lo cierto?

-Más o menos- contesta tras mostrarse pensativo unos instantes-. Es cierto que con otra persona pudiera sentirme más cómodo en otra situación; pero estoy contigo, y el simple hecho de saber que tú te sientes bien, que te gusta estar conmigo, que te tengo aquí, a mí me vale. No necesito nada más para ser feliz. Yo no podría sentirme bien si tú no te sintieras bien, ¿lo entiendes? Ahora mismo, yo me siento perfecto así, aunque espero que comprendas que tal vez necesite algo más en otro momento, pero no ahora.

Asiento con la cabeza, vuelvo a mirar al frente y suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo; mis músculos se destensan y respiro aliviada mientras sus manos rodean las mías; el pecho se me desinfla y cierro los ojos llena de dicha, sin necesitar nada más que su respiración acompasada a la mía.

16 de agosto de 2016

Luces en la oscuridad

No sucede como esperas
ni como piensas
ni como crees.
Sucede y punto.

Cuando todo va mal, cuando te hundes y no hay final para impulsarte, cuando la luz desaparece del todo, algo pasa que cambia las cosas.
Y entonces ves un resquicio de luz que te anima a continuar.

No es lo que esperas
ni lo que piensas
ni lo que crees.
Es lo que es y punto.

Aunque en ese momento no se te ocurre ignorar una pequeña luciérnaga que te ilumina mínimamente la situación porque no es lo que querías. No, no lo haces. En ese momento te da igual, lo aceptas y esperas a que llegue algo más.
Y entonces ese algo llega.

No es como esperas
ni como piensas
ni como crees.
Esperas tan poco que es incluso mejor.

Serendipia

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de mi cuerpo. Tengo los pies entumecidos y apenas puedo aspirar alguna bocanada de aire de vez en cuando. El frío me recorre los huesos; no siento ya nada. Me gustaría encontrar una forma de salir de aquí.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de mis pensamientos. Solo estoy acompañada por mis emociones que, poco a poco, se están apagando como se esconde el sol al finalizar cada jornada.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrdedor de mis recuerdos. Ahora estoy empezando a olvidar; creo que es la mejor opción pues, si cuando el aire sea sustituido por el agua ya no soy capaz de rememorar, quizá no tenga nada que lamentar.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de mi vida. Siento la sal en la garganta y el peso de cada error hundiéndome con demasiada rapidez; supongo que es lo justo: tal vez deba pagar por cada fallo.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de lo único que no voy a abandonar. Repito en mi cabeza los versos de un poema que hablaba de la libertad. Ya no recuerdo su nombre y, si intento visualizar las palabras, se vuelven borrosas. Pero en mi cabeza se reproduce casi sin dificultad. Este momento se parece a la libertad por la que siempre he luchado.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de mí. Sé que no hay salvación, estoy perdiendo los sentidos. Pero no tengo miedo a morir, quizá la muerte sea este mar que me mece casi con delicadeza. Puede que el fin no sea tan malo y, tal vez, en el último instante... sea feliz.