17 de junio de 2016

Secretos en El Bosque del Misterio

Divisó un rastro de sangre rodeando la roca y el rostro se lo contrajo en una mueca. Siempre había odiado la sangre. Intentó bloquear el olor que el líquido desprendía con la manga de su camiseta, pero fue en vano: el hedor penetró sus fosas nasales y le causó un mareo ya conocido. Trastabilló hacia atrás e intento mantener el equilibrio sujetándose en el tronco de un árbol situado a pocos pasos por detrás de él. Respiró hondo un par de veces tratando que la mente se le despejara un poco, pero solo consiguiendo que el fuerte olor se hiciera más intenso. Cayó al suelo, raspándose la espalda contra el tronco del árbol y rasgando la piel de su cuerpo. El dolor le hizo despertar ligeramente del mareo que lo abrumaba cada vez más. A punto de cerrar los ojos, fue entonces cuando vio la sombra de la criatura sobre el suelo y, quizá fue solo en su imaginación o quizá pasó de verdad, sintió el aliento del monstruo entremezclarse con el olor de la sangre haciéndole desmayar.

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