29 de junio de 2016

Fusiles de guerra

No sé bien cómo comenzar esta carta, supongo que no tengo palabras para expresar todo el dolor, el sufrimiento y la agonía que me consumen poco a poco durante cada día que pasa.
Te escribo rápido, sin saber si esto te llegará, para decirte que te echo de menos, que pienso en ti cada instante que paso en este lugar, luchando por sobrevivir, pienso en ti cada vez que estoy a punto de morir, cada vez que estoy más cerca de regresar a casa y cada vez que todo empeora. Quiero confesarte que no quiero estar aquí, para mi familia es un orgullo que luche en el frente, que luche por mi país, pero ya no sé distinguir quiénes son amigos y quiénes no. Supongo que ya da lo mismo: me dedico a matar personas. Escucho sus gritos, su dolor y su agonía, escucho el sonido de los fusiles y el latido acelerado de mi corazón que nunca se normaliza del todo. ¿Para quién son enemigos estas personas que luchan contra nosotros? ¿Quién me ha obligado a matar a unos enemigos que no son míos? ¿Por qué ideales estoy luchando? Solo sigo órdenes, no entiendo nada de lo que está pasando. Únicamente sé que cada vida que termino es una carga más para mí. Intento decirme que estoy luchando por sobrevivir, que es su vida o la mía pero, sinceramente, ya no me importa. He matado a tantos hombres que no me importaría morir. 
Me dicen que sea fuerte, que soy valiente por estar aquí, que nuestras familias se sentirán orgullosas de nosotros; pero quizá yo sea un cobarde por no querer arriesgar mi vida, por desear volver a casa, por temblar cada vez que oigo un disparo, por no poder dormir a causa del miedo, por llorar a escondidas cada noche y suplicar a un Dios que no sé si existe que haga que todo esto acabe, que termine con todo este dolor.
Y ahora, en este nuevo lugar de batalla, veo cada rostro de cada hombre que deja a familias: madres, padres, hermanos e hijos; novias y amigos, veo cada rostro al morir, al ser responsable de las lágrimas de tanta gente, al ser responsable de pérdidas irreparables que nunca podrán sustituirse. Yo no quiero ser un asesino, no quiero ser verdugo, quizá prefiera ser la víctima, el cobarde que murió en batalla por no atreverse a disparar una vez más. ¿Y a quién le importa? Al final solo formaré parte de un número: el número de muertos de la guerra que estoy viviendo. Lo único que me consuela es saber que tú llorarás por mí, que tú me echarás de menos, que a ti sí te importará mi muerte. Quizá la próxima vez que nos veamos sea en el cielo, allá arriba, felices. Dile a mi familia que siento no ser el hijo valiente que esperan, que lo he intentado, pero no soy capaz de vivir con esta culpa. Dile a mi familia que les quiero y que he pensado mucho en ellos.
Y te pido perdón por no ser el soldado que muere en el frente, valiente y luchador hasta el final. Solo soy una baja más en una batalla que no gana nadie, una muerte que al final nadie recordará.

Hasta siempre.

6 comentarios:

  1. ¿Alguna vez has escuchado hablar de lo que pasó entre alemanes e ingleses en la Primera Guerra Mundial durante la Navidad de 1914? Si no es así, te recomiendo que lo busques. Creo que este es uno de esos episodios de la Historia que mucha gente desconoce y que nunca se deberían olvidar.

    Con esto pretendo decirte que cuando en una guerra no se distingue entre amigos y enemigos es cuando esta ya ha perdido todo el sentido que tenía (que ya de por sí es discutible).

    Es importante hacer memoria y concienciar al mundo; no debemos dejar que esto suceda nunca más.

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    1. Pienso igual que tú, con esta entrada pretendía situar la visión de las personas sobre la realidad de las guerras, sobre el dolor y el punto de vista de un soldado que ha perdido las ganas de vivir, que no quiere ser un asesino.

      Sobre la Tregua de Navidad de 1914, alguien me enseñó lo que pasó y no se me olvida. De hecho, lo he tenido muy presente mientras escribia la carta.

      Lo cierto es que aunque se pudiera diferenciar a amigos de enemigos, una guerra nunca soluciona nada. Las guerras no las gana nadie, solo hay muertes innecesarias y pérdidas irreparables.

      Gracias por leerme una vez más.

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  2. Hola!
    Hermoso escrito, me has transportado, gracias por compartirlo.

    Aquí me quedo, te sigo!

    Me gustaría que te pases por mi blog literario para ver qué te parece y si te gusta, sígueme :).

    saludos nos leemos!!

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    1. Gracias por leerme, me alegro de que mi escrito haya cumplido su objetivo principal.

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  3. Es muy doloroso que exista gente que debe pasar por ese martirio... La idea de una guerra es algo tan terrible, sobre todo porque quienes sufren son estos personajes, con nombre y apellido, con una vida y una familia, que salen a pelear con otros personajes, con otras vidas y otras familias... al final solo hay muerte y destrucción. No sé quien pierde más, si el que pierde la vida o el que pierde el valor de la misma luego de ver tanta muerte.
    Me ha gustado tu entrada!
    me quedo por aquí!
    =)

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