16 de abril de 2016

Notificaciones

Un móvil.
Quince notificaciones en WhatsApp: nueve en grupos y seis en conversaciones abiertas.
Nueve notificaciones en Twitter: dos nuevos seguidores, cuatro retwitts y tres likes.
Veintitrés notificaciones en Instagram: catorce me gusta, seis comentarios y tres nuevos seguidores.
Siete notificaciones en Facebook: tres nuevas peticiones de amistad, tres me gusta y un comentario.
Veintidós notificaciones en Snapchat: dieciséis nuevos seguidores y seis fotos en privado.
Tres notificaciones en YouTube: un vídeo de un canal y dos respuestas a un comentario.

No contestas a la mitad de los chats de WhatsApp porque no te apetece y respondes con emoticonos a la mitad de los grupos para que piensen que participas.
Sigues a las personas que te han dado follow en Twitter.
Te enfadas por un comentario en Instagram que parece que no viene a cuento.
Respondes al comentario de Facebook.
Miras las fotos que te han enviado por privado en Snapchat, sientes algo de decepción por no estar con esa gente que lo está pasando bien sin ti y mandas con falso entusiasmo fotos por privado a las personas que te han mandado fotos a ti.
Ves el nuevo vídeo de YouTube de un canal al que estás suscrito y contestas a las respuestas de tu comentario.

En todo el tiempo que has estado mirando el móvil no has ayudado a una anciana que se ha caído en la acera, no has visto a un amigo que hacía tiempo que no hablabas con él y se ha sentido ignorado, no has cruzado tu mirada con el posible amor de tu vida, te has chocado contra una farola, se te ha caído la cartera con veinte euros al suelo y no lo has recogido, no has visto que robaban el bolso a una mujer y no has visto unas zapatillas en el escaparate de una tienda que te podrían haber encantado. 

Por haber estado mirando el móvil y por estar perdiéndote en el mundo de Internet, estás dejando de vivir en el mundo real. En el nuevo mundo, un mensaje en WhatsApp de alguien que te gusta es más importante que ayudar a una anciana que se ha caído en la calle; seguir a algunas personas en Twitter es más importante que recordar a un amigo que te caía muy bien; leer los comentarios de Instagram es más importante que evitar chocarte con una farola; revisar la vida de los demás a través de fotos de Snapchat es más importante que vivir tu propia vida y encontrar el amor de tu vida en un lugar que no es Internet y mirar los vídeos que suben a YouTube es más importante que controlar el dinero que llevas encima y toda tu documentación.

Por vivir en Internet y hacer lo que todos hacen, por intentar hacer que crean que eres de una manera que no eres realmente y para comprobar que no dicen nada malo de ti en las redes sociales, estás dejando de vivir en la vida real. Estás perdiendo tu humanidad, estás perdiéndote y estás perdiendo a muchas personas.

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