3 de abril de 2016

Inscripción en una lápida

Dejo que las lágrimas resbalen por mis mejillas. Hoy no voy a pararlas, hoy no voy a contener los sollozos. Dejo las flores blancas al lado de su nombre y me siento delante del trozo de mármol en el que está grabado su nombre, su fecha de nacimiento y fallecimiento y un epitafio:

"Permanecerá entre nosotros mientras su recuerdo siga latente."

-Te echo de menos- le digo a la lápida-. No sé cómo seguir viviendo sin ti, a veces el dolor es demasiado atroz, ¿sabes? Te echo de menos, no sabes cuánto...

Me quedo mirando su nombre durante unos minutos. No tengo energía para irme, mi madre sabe que estoy aquí. Siempre vengo cada trece de cada mes.
Una mano se acerca por mi lado y deja unas flores azules al lado de las mías, creando una mezcla de colores muy bella. Se me hace raro que haya alguien más conmigo aquí. Hoy hace frío, pero el frío que se extiende en mi interior es más fuerte que el de fuera. Alguien, la persona que ha dejado las flores, se sienta a mi lado y deja una mochila a su otro costado. Le miro y veo que es el que era el mejor amigo de mi hermano. No decimos nada, supongo que a ninguno de los dos le apetece. Mi hermano era una buena persona y dejó a mucha gente atrás.
Empiezo a temblar y no impido que los sollozos se escapen por mi boca y las lágrimas inunden mis mejillas. Me acurruco sobre mí misma y noto que apenas puedo respirar. Le echo tanto de menos que no puedo soportarlo. No puedo. No puedo. No puedo. Cierro los ojos y dejo que el dolor crezca en mi interior. No importa que haya alguien que pueda verme, no me importa. Solo quiero que vuelva y me diga que todo ha pasado, que todo volverá a ser como antes. Porque todo ha cambiado desde que se ha ido, todo está mal desde que no está. Le necesito tanto que no soy capaz de vivir sin él. No sé cómo hacerlo. No sé cómo soportar la soledad. Mis manos se cierran en puños y mi pecho se agita ante los sollozos demasiado fuertes. El viento sopla con fuerza y me abrazo las piernas para conservar un calor que perdí hace tiempo. No encuentro motivos para sonreír, para vivir. No puedo hacerlo. No pude despedirme de él y todavía no he sido capaz de decirle adiós. El llanto me impide pensar. Mi cabeza solo recuerda su rostro sonriendo desde su habitación, mirándome con ternura, queriéndome. Me quería y no sé si le mostré lo suficiente que yo también le amaba. Aprieto los dientes hasta que duele y las lágrimas continuan mojando mis pantalones. Tengo frío, miedo y siento un dolor tan fuerte que no sé cómo no me ha hecho pedazos.

Unos brazos me rodean y, por algún motivo que desconozco, no me aparto ante el contacto de la otra persona, dejo que me consuele. Lloro sobre su hombro y tiemblo.

-No puedo vivir sin él... No puedo- murmuro entre lágrimas.

-Yo tampoco- me confiesa con la voz rota.

1 comentario:

  1. Por como redactabas tus comentarios, suponía que tú también escribías. Muy bonito. Tienes muchísimo potencial y también escribes muy, muy bien. Gracias por pasarte por mi blog y mis vídeos :)

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