13 de septiembre de 2015

Palabras en el tiempo

Imagina relojes de arena. Imagina que cada persona lleva un reloj que siempre le acompaña y que, sin embargo, no sabe cuánta arena contiene ni a qué velocidad desciende.
Imagina pensamientos, cosas que deseamos hacer o decir. Unos sueños que se dividen entre los que se cumplirán y los que quedarán en el aire. No sabemos en qué grupo está cada sueño, pero hay algunos a los que les ponemos barreras, quizá porque nos da miedo realizarlos, quizá porque tememos las consecuencias. Decimos que no tenemos tiempo, que no contamos con los medios suficientes o que es demasiado complicado. Pero la arena del reloj continúa bajando sin importar nada. No sabes si tienes años, meses o días para hacer o decir lo que quieres. No sabes si podrás conseguirlo o se te acabará antes el tiempo. No lo sabes. Estás limitado por un espacio que no conoces. Tus palabras, tus acciones, están ahí y tienes que decidirte porque quizá mañana ya sea demasiado tarde. 
Crees que puedes esperar, que tienes mucha vida por delante y, cuando menos te lo esperas, la arena del reloj se consume y las palabras que no has dicho quedan atrapadas en el tiempo.

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