2 de febrero de 2016

Adolescencia

Aquella tarde, al decirle 
yo que me iba del pueblo,
me miró triste -¡qué dulce!-,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles se me amortaja
como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas? -He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados, 
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: Adonde el cielo
esté más alto, y no brillen 
sobre mí tantos luceros.

Hundió su mirada negra 
allá en los valles desiertos,
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo. 

                                            Juan Ramón Jiménez

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