24 de febrero de 2016

Dibujaba ventanas

Dibujaba ventanas en todas partes.
En los muros demasiado altos,
en los muros demasiado bajos,
en las paredes obtusas, en los rincones,
en el aire y hasta en los techos.

Dibujaba ventanas como si dibujara pájaros.
En el piso, en las noches,
en las miradas palpablemente sordas,
en los alrededores de la muerte,
en las tumbas, los árboles.

Dibujaba ventanas hasta en las puertas.
Pero nunca dibujó una puerta.
No quería entrar ni salir.
Sabía que no se puede.
Solamente quería ver: ver.

Dibujaba ventanas.
En todas partes.

                      Roberto Juarroz

20 de febrero de 2016

A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

                               Antonio Machado

6 de febrero de 2016

Coplas por la muerte de su padre (I)

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor;
cómo a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
                     Jorge Manrique

4 de febrero de 2016

¡Grita!

Oculta el rostro bajo la almohada y grita.
Grita hasta que no puedas más.
Grita hasta que te duela la garganta.
Grita si esa es tu verdad.
Grita sin importarte los demás.

¿No vas a hacerlo?
¿Por qué te importa tanto la opinión del resto?
¿No vas a gritar? 
¿Por qué no abandonas esos pensamientos?

¡Grita!
Sal a la calle y grita. 
Si cierras los ojos no verás las miradas de la gente. 
Si cierras los ojos solo estará tu mente.
Vamos, grita.
Grita hasta que ya no sientas dolor.
Grita hasta que se despeje tu interior.
Abandona el miedo y grita.

2 de febrero de 2016

Adolescencia

Aquella tarde, al decirle 
yo que me iba del pueblo,
me miró triste -¡qué dulce!-,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles se me amortaja
como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas? -He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados, 
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: Adonde el cielo
esté más alto, y no brillen 
sobre mí tantos luceros.

Hundió su mirada negra 
allá en los valles desiertos,
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo. 

                                            Juan Ramón Jiménez

En un mundo que ni siquiera existe

Podemos abandonar los cielos oscuros donde reposan nuestras almas, podemos escuchar el silencio de la noche y bañarnos en mares de plata, podemos reír hasta que desaparezca la ira, podemos imaginar un mundo donde no haya nada.
Podemos dejar atrás todos los problemas que nos atacan y secar el surco que han dejado las lágrimas. Podemos correr hasta no poder respirar, podemos gritar hasta dejar de sentir la garganta, podemos ser lo que queramos sin ser juzgados con palabras.
Podemos crecer con la esperanza y ser infinitos en un universo que siempre acaba. Podemos ser felices en un mundo que ni siquiera existe y evitar a una muerte que siempre nos alcanza.

Pánico

Temía el momento 
en volver a ver esos ojos
traspasando mi alma y...
no saber cómo reaccionar.

Temía sentir su calor
muy cerca de mí...
y no poder respirar.

Temía sentirme tan abrumada
que quisiera escapar, 
temía sentir tanto agobio 
que no pudiera pensar.

Temía volverme loca, 
necesitar y no poder gritar.
Temía bloquearme y 
no poder hablar.

Temía muchas cosas 
que sabía que podrían pasar;
pero más temía verle y...
no volverle a amar.