4 de enero de 2016

Pesadilla

Ya había tenido esa pesadilla muchas veces antes y sabía cómo acabaría. Sabía que entraría en el bosque buscando aquella criatura translúcida que brillaba en la oscuridad. Sabía que llegaría al centro de aquel siniestro lugar siguiendo ese resplandor y que no conseguiría salir de allí. Me perdería entre los árboles y no podría hacer nada para evitarlo. Dejaría de ver a la criatura y todo se tornaría oscuro.
Comenzó a rasgarse la tela de mi camiseta por culpa de las ramas que no conseguía evitar cuando empecé a acelerar el paso. Las heridas empezaron a sangrar poco después y el pelo se me metió en los ojos cuando el viento hizo acto de presencia. Vi al monstruo, como siempre. Intenté huir de él y no pude. Intenté esquivarle pero no veía nada, la ansiedad me llenó por dentro. No podía respirar. No encontraba forma de salir de allí. Únicamente sentía al enorme monstruo detrás de mí mientras corría. Y no podía escapar. Tropezaba una y otra vez con raíces de árboles y con ramas caídas. No sabía cuánto tiempo tardaría en atraparme entre sus garras y tenía miedo. Cada vez estaba más y más cerca, notaba su presencia tan próxima que apenas podía soportarlo. Grité, grité tan fuerte que me dolió la garganta. Grité tan fuerte que por unos instantes no se escuchó nada más. Grité tan fuerte que todo empezó a temblar. Era como un terremoto.
Caí al suelo derrumbándome y abandoné toda esperanza que pudiera quedar de salvarme. El suelo vibraba tanto que no podía mantenerme en pie. El monstruo me cogió y me alzó en el aire. Sentí sus sucias manos sobre mi piel y su aliento sobre mi rostro. Se me revolvió el estómago y quise arrancar sus garras de mí. Quise huir de todo el dolor pero era incapaz. Me acercó a su boca sangrienta y el hedor lo llenó todo y me dio náuseas. Desde esa posición terriblemente dolorosa atisbaba a ver escamas en su cara. Se caían, las escamas se caían y debajo solo había piel podrida y maloliente que rezumaba un líquido viscoso y amarillento. Vomité ante semejante imagen y no pude evitar que cayera sobre mí. Las heridas empezaron a arderme con el contacto con el líquido y se me nubló la vista. El monstruo me acercó a sus fauces y vi sus dientes sucios y algo deshechos cada vez más cerca de mí. La desesperación creció en mi interior a una velocidad inhumana y me revolví intentando librarme del agarre al que estaba sometida. Por algún extraño motivo conseguí soltarme, pero dada la altura caí y sentí el aire cortándome la respiración.

Abrí los ojos de golpe y todo estaba oscuro. La pesadilla había acabado como siempre. Nada nuevo, nada diferente. Tenía la cara bañada de lágrimas y el cuerpo lleno de un sudor frío. Y, de pronto, vi sus dientes sobre mi rostro y la habitación se impregnó con su hedor haciéndome desmayar.

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