31 de diciembre de 2016

Terminando 2016

Último día del año. Para muchos significa un cambio enorme, finalizar una etapa y empezar una nueva. Yo, por el contrario, considero que lo único que cambia es un número. Al fin y al cabo, el año es una medida de tiempo. 

"La gente piensa que por cambiar de año va a cambiar su vida, pero no es así. La vida la cambia la gente, no las medidas de tiempo."

No obstante, me gusta hacer un análisis de cómo ha ido el año y este, ha diferencia de los anteriores, ha sido bastante impactante:
Empezó realmente mal, toqué fondo, me sentía perdida y cometí muchos (muchísimos) errores. Entonces llegó el verano y las cosas empezaron a cambiar, estuve con personas maravillosas que me hicieron aprender mucho más de lo que esperaba, tuve momentos increíbles y me sentí feliz. Cuando empecé el curso ya no iba tan perdida como en el anterior y, aun sabiendo qué era lo que más me gustaba, reafirmé mi verdadera vocación: escribir. Gané un concurso literario y el curso iba bastante bien. Decidí que mi mejor opción era estudiar filología hispánica pese a haber tenido muy claro durante años que iba a estudiar magisterio. Y entonces llegaron malas noticias y sentí que quería desaparecer, que no era justo (sigue sin serlo). Las noticias empeoraron y, aunque el resto de mi vida iba bastante bien, algo se derrumbó. Aun así, aumentó el apoyo. Tuve que cortar relaciones tóxicas que lo único que hacían era entorpecer mi camino y hacerme daño. Y aquí estamos... Estoy dispuesta a seguir apoyando a mi familia aunque la situación sea delicada.

Solo es un año. Seguramente haya muchos más (a menos que tenga algún tipo de accidente y muera). ¿Qué sentido tiene pensar que todo va a cambiar de un año para otro tan drásticamente?
No importa que cambie un año; la vida sigue y yo voy a seguir con ella.

28 de diciembre de 2016

¿Y si cometo una locura?

Demasiadas emociones al mismo tiempo; mi cuerpo se tensa y los nervios me consumen por dentro... No sé qué hacer.

Los próximos acontecimientos me asustan, las decisiones, el silencio. Tengo  miedo a equivocarme, el terror me paraliza, la inquietud se desliza por mis venas y tiñe mis movimientos de ansiedad. Temo hacer daño y temo que me hagan daño; temo la vida que me espera y que mi vida pasada nunca desaparezca.

Tengo miedo. Estoy aterrorizada.

¿Qué puedo hacer? No sé si soy capaz de soportar todo ésto. Temo perderme en el proceso. Temo no ser nadie y llamar tanto la atención. ¿Qué soy en este mundo de incautos? ¿Y si cometo una locura? ¿Y si no me arrepiento de haberla cometido? ¿En qué me convierte? ¿Y si me arriesgo y gano? ¿Y si me caigo y no logro levantarme?

Tengo miedo. Estoy aterrada.

Hay que ponerse la armadura y ni siquiera tengo una. En poco tiempo habrá que cargar con algo que ninguno de nosotros imaginó jamás. No sé si estoy preparada, no sé si estoy lista y ya ha sonado el pistoletazo de inicio de partida. ¿Qué puedo hacer? Porque ni siquiera se puede estar preparado para algo así. El destino ha sido demasiado cruel esta vez.

23 de diciembre de 2016

Que me miren

A mí que me miren
como si el mundo se fuera a acabar
o que no me miren,
porque de miradas aburridas ya tengo bastante.
A mí que me miren con sinceridad,
que me digan todo con los ojos,
que me atrapen y no me dejen ir
sin siquiera tocarme,
que vean mi alma y todo lo que conlleva,
que me miren como si no fueran a hacerlo de nuevo.
Que me miren
como si el mundo se fuera a acabar
o que no me miren,
porque para miradas aburridas
ya tengo bastante.

17 de diciembre de 2016

La mano que te saca a bailar

Tal vez los mejores momentos llegan cuando todo se desmorona, cuando ya no hay nada "correcto", cuando sientes cómo la presión te aplasta los pulmones hasta impedirte respirar, cuando el aire que respiras está contaminado con agonía, cuando en vez de personas ves problemas, cuando el miedo llena los sueños, cuando el frío va de la mano de la soledad.
Tal vez se pueda salir de ahí; tal vez llegue alguien y te obligue a pensar que las cosas que te pasan tienen otro origen; tal vez despiertes de pronto de esa angustia gracias a la mano de alguien que intenta animarte sacándote a bailar; tal vez escuches de pronto las palabras de alguien que, aun sin saber lo que te pasa, intente ayudarte; tal vez alguien te escuche y te mire y te abrace; tal vez las personas que menos comprendías, que menos te esperabas, sean las que te saquen de ese desconsuelo que te destrozaba el alma.
Tal vez no lo comprendas, tal vez no acabes de entender por qué las personas son como son, tal vez no sepas cómo ser, tal vez no consigas salir de esa oscuridad; pero, tal vez, hay personas que lo hacen por ti, que te ofrecen una mano, un abrazo, una palabra de aliento. Tal vez sí que haya algo más de lo que veías, tal vez solo veías lo que veías porque no habías tenido oportunidad de atisbar algo más.
Y, tal vez, puedas sentir una felicidad completa después de haber caído en lo más hondo; tal vez la felicidad no era como esperabas; tal vez puedas volver a ser.

10 de diciembre de 2016

Una vez más

Tú lo has decidido. Tú has decidido acabar con todo. Tenías claro que no querías continuar con esa persona. Sabías que ya no merecía la pena, tal vez tuvieras razón: teníais más peleas que momentos tranquilos, discutíais demasiado, no os teníais en cuenta. Y, a pesar de los buenos momentos, has decidido cortar con todo lo que habíais construido. Has decidido que ya no merecía la pena seguir intentándolo. ¿Por qué lloras? ¿Porque querías algo más? ¿Porque no te parece justo? ¿Porque le querías y no soportas dejarlo todo? Entonces vuelve, inténtalo una vez más. No abandones, sigue intentándolo una y otra vez. Ten en cuenta lo que necesita, haz que se sienta feliz contigo, mírale a los ojos y dile que le quieres. Inténtalo una vez más.
Ignora a la sociedad de ahora, deja de hacer lo que todos hacen, deja de abandonar al primer problema que se presenta. Es una estupidez. Inténtalo.
¿Sabes por qué hay ancianos que siguen juntos después de tanto tiempo? ¿Sabes por qué hay ancianos que se conocieron de jóvenes y están tan enamorados como siempre? Porque no abandonaron, porque se negaron a dejar de intentarlo a pesar de las peleas, de las discusiones, porque se pidieron perdón cuando se hicieron daño, porque se querían y se apoyaron en todo momento por muy enfadados que estuvieran, porque no permitieron que una pelea momentánea destruyera lo que habían construido durante tanto tiempo, porque decidieron que su amor podía con todo, porque se querían y ése era el único motivo que necesitaban.
¿Por qué lloras? Inténtalo una vez más. Joder, si de verdad le quieres, vuelve y díselo. Una vez más.

Latidos en el reloj

Escuchaba el sonido de los pasos que dabas
antes de verte. Quince en las escaleras y
cuatro para llegar al salón. ¿Qué ha pasado?
Por la tarde los dos dibujábamos sonrisas
e iluminábamos todo con miradas de amor
y caricias con los labios. ¿Qué ha pasado?
Las horas eran rápidas, tanto como los días.
Y después... El tiempo paró con un golpe seco;
el silencio lo llenó todo sin que me diera cuenta.
Ya no cuento los pasos, pero los siento dentro de mí;
ahora son los latidos de mi corazón; un reloj
que nunca deja de sonar, siempre esperando que
vuelvas, que dibujes una sonrisa y me mires.
El miedo que araña mis pulmones se ha llevado todo:
los días, las horas, incluso tu aliento.
¡Que alguien venga para sacarme de este infierno!
No soporto sentirte. No soporto amarte.
Tengo frío, pero el frío que habita en mi corazón es más
fuerte que el de fuera. Te has llevado todo y solo me has
dejado un dolor que yo no puedo esconder.

25 de noviembre de 2016

Eco de tormenta

Se siente el silencio que avecina la tormenta; se siente en lo más hondo y atemoriza a los incautos. Se escucha cada vez más fuerte el eco de los truenos destrozando recuerdos y acabando con el pasado. Tiembla la memoria atrapada en la mente, tiembla el corazón ante dolorosas sacudidas, tiembla el aliento y, finalmente, desaparece cuando se acaba el tiempo.

19 de noviembre de 2016

Jaque mate

-Personas que no lo saben pueden cambiar el mundo.

Me pregunté si se refería a mí, aunque daba por hecho que no. ¿Cambiar el mundo? Menuda ilusión más idiota.

-No siempre, a estas alturas cambiar el mundo es imposible. Haría falta un milagro- contesté moviendo mi alfil y retirando a su reina de la partida.

-Había cosas que decían que no se podían hacer, que no era posible... Y se hicieron- respondió alzando una ceja y deslizando uno de sus peones una casilla adelante.

Me miró fijamente, esperando un movimiento. Quizás había dado por hecho que yo iba a ganar la partida, él lo tenía muy difícil.

-¿Cómo qué?

-Cualquier cosa de hoy en día no se podía hacer hace siglos.

-Pero eso es diferente- repliqué-. Hay pocas cosas que se puedan hacer ahora para cambiar el mundo.

Permaneció en silencio unos instantes, tal vez considerando mi afirmación mientras yo movía mi caballo. En pocos movimientos más ganaría.

-Eso es porque no has pensado en todas las opciones- dijo finalmente-. Es como en una partida de ajedrez, casi siempre hay una salida, un movimiento que podría derrotar al contrincante- movió su última torre hacia la izquierda del tablero, pensé que ese movimiento había sido inútil.

Me detuve a pensar en su ejemplo mientras sonreía al eliminar su torre y dando por hecho que la partida era mía.

-Bueno, pero para que eso sucediera, las personas tendrían que saber jugar muy bien al ajedrez. Y hay pocos que realmente son capaces de hacerlo.

-Por eso hay pocas personas personas que pueden cambiar el mundo- movió su peón una casilla más y, demasiado tarde, me di cuenta de que la torre había sido una trampa, una distracción para conseguir encerrar a mi rey y realizar un perfecto jaque mate.

16 de noviembre de 2016

"Tras el recuerdo"

Hoy me han comunicado que el relato que escribí a finales de agosto y que presenté al XIII Concurso de Relato Corto convocado por la Concejalía de Juventud de Alicante ha resultado ganador con el primer premio de la categoría Junior.

Estoy realmente contenta por haber ganado el concurso, aunque estoy segura de que la mayoría del resto de relatos eran tan merecedores del primer premio como el mío.

Tras la noticia, enseguida pensé en publicar el relato en el blog (aunque había estado deseando subirlo desde que lo escribí tanto si ganaba como si no). Y, por fin, os dejo por aquí abajo el link de "Tras el recuerdo" para que podáis leerlo. Son ocho páginas, aunque se leen bastante rápido.


Y, en este otro link, están los otros relatos ganadores del concurso.




15 de noviembre de 2016

Soy mis pensamientos

Hoy no hay palabras, solo pensamientos en imágenes que se desvanecen lentamente sustituidos por otros. Ni siquiera tengo intención de capturarlos, no los necesito.
He viajado a decenas de lugares, he vivido cientos de vidas, he amado de miles de formas, he admirado millones de situaciones... con solo mi mente.
No necesito volar ni ver ni estar, me basta con imaginar. ¡Cuántas cosas puedo crear en mi cabeza! Ni siquiera sospecho tener un límite. Yo soy éso, soy mis pensamientos, soy mis secretos y mis visiones. Yo soy mis imágenes mentales de la vida y mis sentimientos. Yo soy mi imaginación, mi creatividad y si me quitan éso... Bueno, si me lo quitan creo que no soy nadie, creo que no podría vivir de forma alguna. Si no puedo crear, nada de esto tendría sentido, yo no sería yo o, simplemente, no sería.

7 de noviembre de 2016

No hay tiempo

No somos eternos. Ni infinitos. Ni seremos siempre. Ni viviremos de forma indefinida.
Tenemos un final.
Aunque duela. Aunque destroce. Aunque saberlo arranque capas de felicidad fingida.

No hay tiempo: VERDAD UNIVERSAL.

Solución aplicada por el grupo 1 de personas: lamentarse.
Yo tengo una duda: ¿Por qué gastas el poco tiempo que tienes lamentándote por no tener más? No sé, a lo mejor me equivoco, pero considero más útil aprovechar hasta el último segundo de nuestra existencia.
Solución aplicada por el grupo 2 de personas: fingir que hay tiempo infinito.
Tal vez esto funcione mejor que lamentarse. Por lo de que eres más feliz y eso. De todos modos le veo un inconveniente: ¿No se te ha ocurrido pensar que si un día ves el final muy próximo y no has hecho todo lo que querías porque pensabas que tendrías más tiempo te llegará todo el dolor de golpe y empezarás a lamentarlo más intensamente?
Solución aplicada por el grupo 3 de personas (y, desde luego, el más reducido): tener en cuenta que hay poco tiempo y aprovechar lo que tienes para vivir al máximo.

No somos eternos. Ni infinitos. Ni seremos siempre. Ni viviremos de forma indefinida.
Tenemos un final.
Pero aprovechar el poco tiempo que tenemos o no es decisión nuestra.

30 de octubre de 2016

Ellos

Huir.
Llevaba intentando escapar varios días, intentando que me perdieran la pista; y la única forma posible era yendo al lugar menos lógico. 
Pero eso era lo que ellos pensaban que haría. Eran capaces de predecir todos y cada uno de mis movimientos, conocían mi forma de pensar y de actuar. ¿Cómo podría librarme de ellos si sabían lo que iba a hacer antes incluso de que yo lo supiera?
De modo que volví al principio de todo, al lugar al que ellos sabrían que yo iría; y ellos sabrían que yo lo sabría. No obstante, yo contaba con un factor que no podían controlar y que me daba una cierta ventaja.
Solo tenía que llegar al lugar donde se inició todo y esperar que él estuviera ahí, porque ellos me controlaban a mí, pero no lo controlaban a él. Podrían intentar predecir sus movimientos a raíz de lo que yo sabía y conocía de él, que era mucho más de lo que me gustaría. Sin embargo, seguían sin controlar el único factor que me otorgaba ventaja. Y eso me daba la confianza suficiente como para bloquear el pánico y enfrentarme de una vez por todas a ellos.

No tenía mucho tiempo, apenas contaba con unos segundos antes de que llegaran. Una vez los tuviera delante no habría vuelta atrás. Me quedé quieta, totalmente inmóvil mientras esperaba que se materializaran ante mí.
Sabía que él estaba. No lo había visto ni oído ni olido. Pero sabía que estaba, lo podía sentir. Y no sabía qué haría, de modo que ellos no sabían qué era. Y eso me daba el poder que necesitaba para vencerles. 
Llegaron justo en el momento en el que yo sabía que llegarían y no hice nada. Ellos sabían que yo no haría nada y tampoco hicieron ningún movimiento. Sabían que él estaba allí y creían saber lo que él haría; sabían cuál sería su siguiente movimiento lógico. Y ahí radicaba el problema.

Él no seguiría ningún movimiento lógico. Yo lo sabía, pero ellos no. Ellos podían predecir el movimiento que haría si no estuviera metido el amor de por medio. El amor, el único factor que no podían controlar. Porque el amor es irracional e ilógico, no sigue normas, no sigue ningún patrón lógico.

El sonido retumbó en las paredes y, poco después, sentí sangre resbalar por mi cuerpo. Un segundo tiro y supe que a él también le quedaban unos segundos de vida.
El amor era lo único irracional. Él me había librado de ellos de la única forma que ellos no podían controlar. Él estaba enamorado de mí y yo estaba enamorada de él y ellos no podían predecir el siguiente movimiento: huir.

27 de octubre de 2016

Ser fuerte

No es fácil mirar hacia el problema en lugar de apartar la mirada y no es fácil obligarte a estar pendiente de cualquier cambio en lugar de intentar no saber nada para fingir que no está. No, claro que no es fácil, pero no tienes otra opción. 
Tienes que ser fuerte. No por ti, no por lo que puedas sentir, sino por el otro, por el que no puede mirar hacia otro lado.
La vida no es justa, todos lo sabemos. La vida obliga a sufrir cosas malas a personas que no lo merecen. La vida permite que personas tengan que soportar dolores demasiado grandes. La vida no es justa, pero lamentarse por ello no va a hacer que deje de serlo. Toca apretar los dientes y aguantar lo mejor que puedas.
No, no es fácil mirar hacia el problema en lugar de apartar la mirada, pero no tienes otra salida porque pretender que no pasa nada no es una opción viable. 
"Nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción."
No, no es fácil obligarte a estar pendiente de cualquier cambio en lugar de intentar no saber nada para fingir que no está, pero no tienes más remedio porque abandonar a la persona a su suerte no es una posibilidad.
Y piensas que, tal vez, si no tuviera que pasar por eso todo sería más sencillo; que no lo merece; que no es justo. ¿Y quién dijo que lo fuera? ¿A quién vas a echarle la culpa? Nadie lo ha decidido, nadie lo quería, pero pasó y ya está. Y toca ser fuerte e intentar ser positivo, aunque sea difícil y aunque sientas que no puedes. Lo haces, porque no tienes otra elección, porque no hay otra alternativa.

23 de octubre de 2016

¿Por qué escribo?

Cuando muchos escritores hablan, la gente escucha (aunque, en ocasiones, sea años después de su muerte).

La gente suele considerar el hecho de escribir algo simple: poner un lápiz o un bolígrafo en tu mano y formar palabras, teclear en un ordenador o similares. A mi parecer, sin embargo, escribir es una acción mucho más compleja como para considerarla un simple acto sin mayor dificultad.
En mi mente siempre he sentido que hay que diferenciar entre escribir desde la mano y escribir desde el alma. Podrías pensar que para conseguir escribir desde el alma necesitas hacerlo desde la mano, y es verdad; pero no siempre es al revés: eso es lo que diferencia a los escritores del resto del mundo.

Escribir desde la mano es muy sencillo, la mayoría de personas aprendemos a hacerlo desde pequeños. No obstante, escribir desde el alma supone un reto al que solo algunos logran enfrentarse.
Escribir desde el alma es... es dejar que el mundo vea tu forma de ser, permitir que entiendan tu modo de pensar, exponer tus sentimientos. A menudo se convierte en una vía de escape y desahogo (cualquier escritor puede confirmarlo), en una enseñanza acerca de ti mismo. Escribir desde el alma es lo que a mí, personalmente, me permite soportar los calvarios a los que debo enfrentarme día tras día, controlar las emociones que me abruman y canalizar la alegría que me hace dar saltos, es lo que me hace ser libre incluso cuando me tiene atrapada.
Escribir desde el alma es lo que necesito para vivir (aunque suene algo radical). Escribir es a lo que quiero dedicar toda mi vida y existencia, a lo que quiero enfrentarme y lo que quiero disfrutar todos y cada uno de los días de mi vida.

Porque sí, quiero ser ESCRITORA en mayúsculas y en negrita, quiero ser capaz de transformar a las personas, quiero conseguir hacer llorar y reír, quiero lograr que la gente aprenda y disfrute, quiero que amen, sueñen y recuerden. Quiero que la gente se acuerde de mí y de mis obras, quiero escribir hasta el punto de pasar horas deslizando el lápiz sobre el papel o tecleando en el ordenador. Quiero que la gente no me olvide tras mi muerte.

Y, algún día, en un futuro, quiero hablar y que la gente escuche.

21 de octubre de 2016

Resiliencia

Soy palabra en un papel en blanco, soy silencio en el sonido y calidez en el frío. 
Soy comienzo y soy desenlace, espectro de lo que un día fui y esbozo de lo que alguna vez seré.
Soy música en la inquietud, esperanza en la desilusión, luz en la oscuridad y valentía en el miedo.

Soy y a veces no, de repente soy sin ser lo que se espera.

En ocasiones soy espacio en un papel lleno de tinta, soy ruido en la calma y hielo en invierno.
En ocasiones soy solo el entreacto, nada de lo que fui y nada de lo que seré.
En ocasiones soy desafinada y discordante, pesimisimo en el ánimo, tinieblas en el resplandor y cobardía en el atrevimiento.

Soy cambio y disconformidad, varío y me transformo, soy una melodía que acelera y frena en apenas segundos.
Soy velocidad y lentitud, soy la nada y el todo, primavera, verano, otoño e invierno, soy día y soy noche, soy amor y soy odio, vida y muerte.

Soy... Soy el incio, el intermedio y el fin.


13 de octubre de 2016

Y ella no vio

-Toma mi mano -le pidió
sonriendo despacio.
Y ella no vio sus ojos
llenos de mar revuelto.

-Toma mi rostro -le pidió
acercándose silencioso.
Y ella no vio sus rodillas
sufriendo terremotos.

-Toma mi alma -le pidió
en un susurro apagado.
Y ella no vio el destino
alzando un muro entre ambos.

9 de octubre de 2016

Sin palabras

No sé qué decir y tal vez sea porque no hay nada nuevo: ningún pensamiento, ninguna reflexión, ninguna historia, ningún poema... Nada.

No sé qué decir y ni siquiera logro ubicar la novedad entre todas las emociones que se acumulan en mi pecho para después reptar por mis arterias hasta la punta de mis extremidades.

No sé qué decir y tampoco sé qué pensar, todo se está convirtiendo en un cúmulo de sensaciones contradictorias y confusas que apenas tienen sentido juntas.

No sé qué decir y la inspiración se ha perdido en algún rincón del laberinto de mi cabeza, esta vez no ha encontrado la salida a tiempo.

No sé qué decir y nadie dice nada, solo hay silencio, soledad en la ausencia, vacío en las palabras.

No sé qué decir y eso es lo único que puedo decir.

No sé qué decir y nada más.

No sé qué decir y ya...

... y ya da igual.

28 de septiembre de 2016

Cantaba el pájaro

Cantaba el pájaro un día
y se ahogó en el aire.

Tal vez tantos árboles caídos
acabaron con su salud.

Piaba el pájaro un día
y se asfixió en el aire.

Tal vez creamos tanto
que el gris cubrió el azul.

Sonaba el pájaro un día
y se silenció en el aire.

Tal vez el sonido estridente
inventó su quietud.

Cantaba el pájaro un día
y se ahogó en el aire.

Tal vez nosotros
fabricamos su ataúd.

26 de septiembre de 2016

Querido diario:

Tengo que escribir en un diario porque el médico se lo sugirió a mi madre. Solo es un poco cada día, pero aseguran que me hará bien.
En mi agenda pone que tengo cita con el médico a las 17:00. No sé bien qué me van a decir tras las pruebas que me han hecho, pero tengo la esperanza de que no sea demasiado grave.
Hoy ha sido un día sencillo, aunque no recuerdo exactamente qué he hecho. No obstante, tengo la sensación de que ha ido bien. 
Tengo la mesa de mi habitación llena de posits y notas y a veces las leo en busca de algo nuevo. Hoy he visto una frase que no había leído antes, aunque la letra con la que está escrita es mía.
Abro mi agenda para saber qué tengo que hacer hoy y veo que hay una cita con el médico a las 17:00. Las pruebas del otro día fueron sencillas, el doctor solo me pidió que recordara una expresión y luego me hizo hablar de mi infancia. Cuando me pidió que le dijera la expresión no la recordaba. Todavía estoy esperando las respuestas a las pruebas, espero que no quede mucho para la cita con el médico.
Ha entrado mi madre hace unos instantes y le he preguntado qué había de comer. Me ha dicho que ya habíamos comido, de modo que me he tranquilizado porque no tenía hambre y no sabía por qué.
Miro en mi agenda si hoy tengo algo importante que hacer y veo que tengo cita con el médico a las 17:00, supongo que mi madre me llevará en coche. Creo que iré a avisarla antes de que se me olvide.

25 de septiembre de 2016

Desvanecerse

La niebla ya esta cerniéndose sobre nosotros
y no tengo tiempo para mirarte una última vez.

Alarga tu mano hacia mi cuerpo
y acaricia mi rostro antes de que te vuelva a perder.

Apenas soy capaz ya de oír tus palabras
y el vacío me está hiriendo la piel.

Si deseo con fuerza que no desaparezcas
tal vez se marche la sensación de caer.

Y si en algún momento la niebla se disipa
puede que nos volvamos a ver.

22 de septiembre de 2016

Nadie vive dos veces

Solo vive;
vive y sé.
Porque nadie vive dos veces.
Porque nadie es dos veces.

Solo sueña
y ríe
y llora
y piensa
y mira
y lee
y habla
y corre
y gana
y pierde
y abraza
y escribe
y escucha
y viaja
y ama
y... vive
y... sé.

Porque nadie vive dos veces.
Porque nadie es dos veces.

Apaga la alarma

Hazlo:
cumple con esa sed de venganza;
destroza su llanto
y acaba con todo lo que la tiene varada.

Hazlo:
revienta el silencio con palabras;
atrápala entre misterios
y que halle el fin de la desconfianza.

Hazlo:
jura que quedará su ausencia grabada;
desintegra su techo
y que se quede sin nada.

Hazlo:
estalla la bomba ante su atenta mirada;
termina con el miedo
que la mantiene paralizada.

Hazlo:
destruye las paredes manchadas;
que entre la luz a raudales
y se apague la última alarma.

21 de septiembre de 2016

A contrarreloj

Pasos, latidos, gestos.

Y me estoy quedando atrasada en un mundo que no deja de avanzar; me estoy quedando atrás y apenas puedo pararme a mirar.

Gritos, risas, lágrimas.

Y yo no entiendo más que lo que puedo pensar; intento correr sin tropezar y caigo una y otra y otra vez más.

Letras, palabras, párrafos.

Y yo no logro escribir tan rápido; mis dedos no trazan el dibujo adecuado y no comprendo el significado de esta absurda obra de teatro que avanza sin entreactos.

Miradas, guiños, tratos.

Y yo no tengo tiempo para interpretar algo en esta carrera que nos lleva demasiado rápido; no encuentro pausas para respirar un rato.

Silencio, tiempo, descanso.

Y yo me acerco con la respiración acelerada y el corazón atrapado; intentando obrar una hazaña que me permita ir más despacio; con estas prisas no hallo forma de dar más de dos pasos sin caer en este suelo lleno de obstáculos.

13 de septiembre de 2016

Subjuntivo

Tal vez abandone,
ceda,
me desentienda.

Tal vez acabe,
         termine,
pida la cuenta.

Tal vez afloje,
deje,
suelte las riendas.

Tal vez no piense,
     me deje llevar
        y por fin sea.

4 de septiembre de 2016

El Café Antiguo VI - Noël

¡Crash!
Un golpe estridente me sobresalta y giro la cabeza hacia la puerta. Una chica alta se disculpa con la camarera con la que parece que ha chocado y le ha hecho volcar la bandeja con un par de tazas. Se disculpa con ella y, cuando me ve, se acerca hasta mí sonriendo.

-Hola -me dice una vez se sienta en el taburete de mi lado-. ¿Cómo has amanecido?

-Muy bien, ¿y tú? -digo removiendo el café que he pedido con una cucharilla. Se oye el tintineo de metal contra porcelana.

-Igual -responde cruzándose de piernas-. He tenido una idea.

Su comentario me intriga y me hace entrecerrar los ojos.

-¿Cuál? -pregunto cauteloso.

-Espera, ahora te lo digo -responde antes de pedir un café con leche.

Hago una mueca impaciente y doy un sorbo a mi café.

-Se me ha ocurrido que nunca hemos tenido ninguna cita formal y me gustaría que nos viéramos mañana por la noche -dice finalmente.

Me paro a pensar en su idea. Es cierto que en estos tres años de relación nunca hemos tenido una cita formal y planificada, siempre ha sido todo espontáneo. Tal vez sea el momento de decírselo o Carmen se enfadará.

-Vale, no hay problema. Me parece una idea estupenda -respondo y sonrío. Pongo mi mano sobre la suya y me acerco a su oído.

-Te quiero -le susurro-. Ahora lo hablamos - me separo de ella-. Voy al servicio.

Me dirijo hacia la puerta del aseo y, una vez dentro, me apoyo en la pared; saco el móvil del bolsillo y le mando un mensaje a Carmen:

"Buenos días, guapa. Mañana por la noche he quedado con Klaudia y voy a aprovechar la situación para decírselo."

Bloqueo de nuevo el móvil y me dirijo a la barra, donde me encuentro con Andrea, mi hermana.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -pregunto tras saludarle con dos besos.

-Voy a robártela un rato -contesta señalando a Klaudia.

-Vale, no te preocupes, yo pago -digo.

Mi novia me sonríe, la miro y luego se marcha con Andrea.
Cuando ya no las veo, desbloqueo el móvil y abro mi conversación con Carmen. Todavía no ha leído el primero, de modo que la mando uno nuevo:

"Estoy en El Café Antiguo, ¿te apetece desayunar hoy conmigo?"

Al rato veo a una joven con gafas de montura negra entrar, es Carmen. Se detiene justo al entrar y examina el lugar con la mirada hasta que me ve. Se acerca hasta mí, segura, y me da un beso en los labios.

-Hola, Carmen -le saludo con una sonrisa.

-Hola, Noël -me devuelve la sonrisa-. ¿Y esta invitación tan repentina?

-Me apetecía verte -contesto a la vez que tamborileo mis dedos contra la madera-. Te echaba de menos.

Se sienta en el taburete libre y se aparta un mechón de pelo suelto de la cara.

-Me gusta tu nuevo corte de pelo -comento observándola-. Remarca más la forma de tu cara.

Me quedo mirándola unos segundos y ella se pone nerviosa.

-Gracias. La verdad es que no estaba segura de que me fuera a quedar bien, pero estoy satisfecha con el resultado -me cuenta-. ¿Estabas aquí tú solo?

-Sí, he venido a desayunar y se me ha ocurrido que podría ser un buen momento para estar contigo -miento y creo que no se da cuenta de que no he venido por ella.

-Buenos días. ¿Qué puedo tomar? -pregunta Carmen a la camarera.

-Tenemos una gran variedad de cafés, aunque te sugiero que pruebes el BombonoLatte, la especialidad de invierno -le explica-. Consiste en un café bombón pero con un ligero toque a chocolate. Delicioso para días de mucho frío.

-De acuerdo, ponme uno -pide.

-Yo quiero otro -añado.

La camarera prepara los cafés y, mientras tanto, Carmen me pregunta acerca de mi próxima noche con Klaudia.

-Será rápido, se lo diré y acabaré con todo el embrollo -aseguro. Tengo que decirle que le estoy engañando, apenas puedo mantener la mentira y no quiero que sufra más.

-Lo harás, ¿verdad? -pregunta sin confiar del todo en mí, y no me extraña.

La camarera nos sirve los cafés, que tienen buen aspecto.

-Es el momento, no lo voy a atrasar más. Tengo que decírselo.

Asiente y prueba el café, que está delicioso. Minutos después, pagamos la cuenta a medias y salimos del lugar mientras pienso en todo, en si decírselo es lo correcto, en si acabar con la relación con Klaudia por estar con Carmen es lo mejor, en si realmente lo merece. Pero debo hacerlo.

3 de septiembre de 2016

El Café Antiguo V - Andrea

Entro corriendo a la cafetería y cruzo hasta la barra sin apenas darme cuenta de la camarera que está agachada en el suelo. La llamada de la panadera me ha preocupado bastante, quiero que lo de Klaudia y mi hermano salga bien, que todo salga perfecto y ver a los dos felices por fin.

-Hola, Klaudia -le digo a mi amiga cuando llego junto a ella.

Al girar la cabeza veo una chica mirando hacia aquí, aunque aparta la mirada rápidamente. Teclea en un portátil y bebe de una taza blanca. No muy lejos de ella hay un cartel que me hace sonreír.

-Vaya, hola. ¿Qué haces aquí? -miro de nuevo a mi amiga.

-Tengo que informarte sobre el plan de mañana y lo de pedir matrimonio a mi hermano. Todo iba bien, pero la mujer ha enfermado y no sabe si tendrá para mañana los pastelitos que había encargado -le explico-. Tal vez tengas que pedírselo sin ellos, aunque será menos romántico.

-¿Quieres tomar algo? -interrumpe la camarera.

-No, gracias. Me tengo que ir ya -le respondo educadamente y le muestro una sonrisa cordial.

Entonces veo a mi hermano caminar hacia aquí desde el servicio.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -me pregunta tras saludarme con dos besos.

-Voy a robártela un rato -contesto señalando a Klaudia y encogiéndome de hombros.

-Vale, no te preocupes, yo pago -dice él. A veces me sorprende lo caballeroso que es.

Me despido con la mano y nosotras salimos del lugar.

2 de septiembre de 2016

El Café Antiguo IV - Klaudia

¡Crash!
Recupero el equilibrio y veo el desastre que he montado sin querer. La camarera se queda unos instantes paralizada.

-¡Lo siento! Perdona -me apresuro a decir a la camarera-. Lo siento mucho, Ainhoa -digo mirando la placa en la que pone su nombre.

 -No te preocupes -responde ella-. Yo recojo todo esto, siéntate y ahora te atiendo -me muestra una sonrisa despreocupada y se agacha para colocar los trozos de porcelana más grandes sobre la bandeja.

Le veo y camino hacia él procurando no caer.

-Hola -digo sonriendo al sentarme en el taburete de su lado-. ¿Cómo has amanecido?

-Muy bien, ¿y tú? -dice removiendo el café que ha pedido con una cucharilla. Se oye el tintineo de metal contra porcelana.

-Igual -respondo cruzándome de piernas-. He tenido una idea.

-¿Cuál?

-Espera, ahora te lo digo -comento antes de pedir un café con leche.

-Se me ha ocurrido que nunca hemos tenido ninguna cita formal y me gustaría que nos viéramos mañana por la noche.

-Vale, no hay problema. Me parece una idea estupenda -sonríe y pone su mano sobre la mía antes de acercarse a mi oído.

-Te quiero - me susurra-. Ahora lo hablamos -se separa-. Voy al servicio.

Asiento con la cabeza y él se marcha. Doy un sorblo a mi café, nerviosa por la cita aunque sabiendo que después de tres años no debería estarlo. El sonido de la puerta hace que mire hacia allí y veo entrar a mi amiga Andrea con una mueca de preocupación dibujada en el rostro.

-Hola, Klaudia -me saluda y gira la cabeza inspeccionando el lugar.

-Vaya, hola. ¿Qué haces aquí?

-Tengo que informarte sobre el plan de mañana y lo de pedir matrimonio a mi hermano. Todo iba bien, pero la mujer ha enfermado y no sabe si tendrá para mañana los pastelitos que había encargado -me explica-. Tal vez tengas que pedírselo sin ellos, aunque será menos romántico.

-¿Quieres tomar algo? -interrumpe la camarera.

-No, gracias. Me tengo que ir ya.

Noël vuelve del servicio y dibuja un gesto de sorpresa al encontrarse con su hermana.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -pregunta tras saludarle con dos besos.

-Voy a robártela un rato -contesta señalándome.

-Vale, no te preocupes, yo pago.

Sonrío, nos miramos y salgo con Andrea de la cafetería.

El Café Antiguo III - Carmen

Al entrar en la cafetería, la camarera está recogiendo unos trozos de porcelana del suelo. Parece que se ha tropezado.

Cuando he desbloqueado el móvil y he visto sus mensajes mis ojos se han iluminado. Esta mañana no tenía nada que hacer, de modo que su invitación me ha animado el día. Me he vestido con rapidez, quería ir arreglada, pero no demasiado. He llegado hasta la cafetería en apenas unos minutos y, cuando he abierto la puerta, el aroma a café ha invadido mis fosas nasales.

Ahora, de pie delante de la puerta, me detengo unos instantes para buscarlo entre la gente. No está muy lleno, lo que resulta agradable. Hay un anciano al fondo leyendo un periódico, unas adolescentes a un lado desayunando, una mujer con una niña pequeña, probablemente su hija, la camarera recogiendo algunos trozos rotos de porcelana del suelo y una muchacha con un portátil abierto y una libreta cerrada a un lado. Esta última parece que me observa, aunque no me centro mucho en ella ya que pronto encuentro a la persona que busco.
Está sentado en un taburete en la barra, su pelo claro y su piel morena le dan el aspecto de surfero que recordaba y que tanto me llamó la atención la primera vez que le vi. Me acerco hacia él, decidida y le doy un beso en los labios que no le sorprende.

-Hola, Carmen -me saluda dibujando una sonrisa.

-Hola, Noël -le devuelvo la sonrisa-. ¿Y esta invitación tan repentina?

-Me apetecía verte -contesta él a la vez que tamborilea sus dedos contra la madera-. Te echaba de menos.

Me siento en el taburete libre y me aparto un mechón de pelo suelto de la cara.

-Me gusta tu nuevo corte de pelo -comenta observándome-. Remarca más la forma de tu cara.

-Gracias. La verdad es que no estaba segura de que me fuera a quedar bien, pero estoy satisfecha con el resultado -explico-. ¿Estabas aquí tú solo?

-Sí, he venido a desayunar y se me ha ocurrido que podría ser un buen momento para estar contigo.

Sonrío de nuevo y decido pedir algo a la camarera, una mujer de aspecto amable que, después de solucionar el incidente, se ha acercado.

-Buenos días -la saludo-. ¿Qué puedo tomar?

-Tenemos una gran variedad de cafés, aunque te sugiero que pruebes el BombonoLatte, la especialidad de invierno -me explica-. Consiste en un café bombón pero con un ligero toque a chocolate. Delicioso para días de mucho frío.

-De acuerdo, ponme uno.

-Yo quiero otro -añade Noël.

La camarera prepara los cafés y, mientras tanto, le pregunto acerca de su próxima noche con Klaudia.

-Será rápido, se lo diré y acabaré con todo el embrollo -asegura.

-Lo harás, ¿verdad? -pregunto sin confiar del todo en sus palabras.

La camarera nos sirve los cafés, que tienen buen aspecto, pero yo sigo esperando una respuesta por parte de él.

-Es el momento, no lo voy a atrasar más. Tengo que decírselo.
Acepto su afirmación y pruebo el café, que está delicioso. Minutos después, pagamos la cuenta a medias y salimos del lugar.

1 de septiembre de 2016

El Café Antiguo II - Ainhoa

¡Crash!
Las tazas rotas en el suelo me paralizan unos instantes.

-¡Lo siento! Perdona -escucho que me dice la chica que me ha hecho desestabilizarme-. Lo siento mucho, Ainhoa- dice tras mirar la placa donde ponde mi nombre.

Salgo de mi estupor y reacciono con rapidez.

-No te preocupes -me apresuro a decir-. Yo recojo todo esto, siéntate y ahora te atiendo -le muestro una sonrisa despreocupada y me agacho para colocar los trozos de porcelana más grandes sobre la bandeja.

La chica ya se ha marchado a la barra y se ha sentado junto al jóven rubio al que he atendido antes. Me dirijo hacia la basura para tirar los trozos de porcelana y vuelvo al lugar del desastre para continuar recogiendo. Entretanto, los muchachos se han saludado, tienen aspecto de hacer buena pareja.
Al volver a la barra, la chica me pide un café con leche que le sirvo al instante. Me apresuro a limpiar el suelo antes de que alguien se resbale con el líquido que ha caído.

-... y me gustaría que nos viéramos mañana por la noche -escucho que dice la joven cuando paso por su lado.

Friego el líquido derramado y miro que a nadie le falte nada por pedir. Cuando vuelvo con la fregona, el chico le susurra algo al oído de ella, que asiente mientras él se marcha al servicio. Una chica entra casi corriendo al lugar sin que me dé tiempo a advertirle del suelo mojado pero, por suerte, no ha pasado por ahí. Se dirige directamente hacia la joven de la barra.

-... pero la mujer ha enfermado y no sabe si tendrá para mañana los pastelitos que había encargado -explica la chica que ha llegado, tiene el pelo liso y los ojos claros-. Tal vez tengas que pedírselo sin ellos, aunque será menos romántico.

-¿Quieres tomar algo? -interrumpo a la chica.

-No, gracias. Me tengo que ir ya.

El muchacho vuelve del servicio y se sorprende al ver a la chica que acaba de llegar.

-Hola, Andrea. ¿Qué haces aquí? -pregunta tras saludarle con dos besos.

-Voy a robártela un rato -dice refiriéndose a la otra muchacha.

-Vale, no te preocupes, yo pago.

Se despiden y las dos jóvenes salen de la cafetería.

Vuelvo con la escoba a acabar de barrer las virutas de porcelana cuando escucho que se abre la puerta de nuevo, tardo algo más de tiempo en girarme y, cuando vuelvo, veo a una joven de pelo corto y oscuro hablando con el chico. ¿Es que este hombre conoce a toda la ciudad?

-Buenos días -me dice la joven cuando me acerco-. ¿Qué puedo tomar?

-Tenemos una gran variedad de cafés, aunque te sugiero que pruebes el BombonoLatte, la especialidad de invierno. Consiste en un café bombón pero con un ligero toque a chocolate. Delicioso para días de mucho frío.

-De acuerdo, ponme uno.

-Yo quiero otro -añade el joven. Parece que no le importa el haber terminado de tomarse un café unos minutos antes.

Me dirijo a la cafetera y preparo los cafés. Cuando los sirvo, ellos siguen hablando.

-Lo harás, ¿verdad? -dice ella.

-Es el momento, no lo voy a atrasar más. Tengo que decírselo.

Me pregunto si hablan de la pareja de él o si, por el contrario, es otra persona.
Minutos después, tras haber llevado la cuenta al anciano del periódico, el joven me pide la cuenta y paga lo de la chica que se ha marchado antes y lo suyo. La muchacha del pelo corto solo paga lo suyo y ambos salen de El Café Antiguo.

El Café Antiguo I - Ángela

¡Crash!
Un golpe estridente me sobresalta y giro la cabeza hacia la puerta. Una chica alta se disculpa con la camarera con la que parece que ha chocado y le ha hecho volcar la bandeja con un par de tazas.
Vuelvo la cabeza de nuevo hacia mi ordenador portátil y mi diario de viaje.

"Ángela, 21 años. Fotógrafa, bailarina y viajera.

Comencé mi viaje con una cámara, un mapa, un diario en blanco, unas puntas de ballet y una pregunta: ¿qué me depararía la aventura que estaba a punto de empezar?"

Suelto un suspiro y miro unos segundos hacia la barra en la que la pareja charla animadamente, da la sensación de que están enamorados. En mi mente se empieza a formar una historia sobre lo que han podido pasar e, inconscientemente, cierro mi diario de viaje y abro un documento de texto en blanco.
Ella, una joven de pelo largo, castaño y ondulado, sujeta una taza en una mano, está cruzada de piernas sobre el taburete, pero su cuerpo está dirigido hacia el chico con el que charla, por lo que supongo que está interesada en la conversación. Él, un atractivo muchacho rubio, sonríe y deja su taza sobre el plato que hay encima de la tabla de madera para después depositar su mano sobre la mano de ella. Son una pareja de foto, quizá lleven juntos unos meses; a lo mejor hoy es su aniversario del primer año juntos. ¿Quién sabe?
El chico le susurra algo al oído y se dirige al servicio.
Me centro en mi ordenador y, por el rabillo del ojo, veo entrar a una chica de pelo liso que se acerca rápidamente a la primera joven, ¿una amiga? Le comenta algo con expresión preocupada y la otra escucha atentamente. Cuando el muchacho vuelve del servicio, su novia parece despedirse de él y la chica del pelo liso le da un abrazo, supongo que se conocen.
Esquivan los trozos de porcelana que la camarera está recogiendo y salen por la puerta. Tecleo velozmente a la vez que observo al joven que acaba de perder la sonrisa. Se termina el café, que pronto es retirado por la camarera, y saca su móvil del bolsillo. Desliza los dedos rápidamente sobre la pantalla, bloquea el aparato electrónico y espera. Me pregunto a quién habrá escrito, ¿a un amigo? ¿A la chica que se acaba de ir?
Aprovecho la situación para dejar que mi imaginación fluya a través de mis dedos, para crear una historia y, minutos después, la puerta de la cafetería se abre de nuevo. Es otra chica, una muchacha de pelo corto y oscuro. Lleva unas gafas de montura negra.
Recorre con los ojos todo el lugar y deposita su mirada sobre el joven de la barra para después caminar hacia él, despreocupada. Le besa en los labios. Frunzo el ceño. ¿Será la novia del chico? ¿Y si le está engañando con la joven que se ha ido corriendo? Un odio empieza a crecer en mí hacia él. ¿La chica que acaba de llegar lo sabrá? ¿Qué culpa tendrá la otra? Si fuera ella llevaría cuidado. Hablan un rato, conversan con la camarera, ella les sirve dos tazas grandes y yo tecleo la escena que me acabo de encontrar. Al rato, ambos se marchan sonrientes de la cafetería después de que él pague la cuenta. La camarera solo entrecierra los ojos, sonríe educadamente cuando se despiden y se lleva las tazas vacías de los dos jóvenes.

29 de agosto de 2016

Frases (des)hechas

Pondría la mano en el fuego por ti; la mano, los dedos, las uñas y aquella nota que me dejaste en la que ponías los puntos sobre las íes. 

Intenté aferrarme a ti de todas las maneras posibles, pero era como aferrarse a un clavo ardiendo, un clavo del que resultaba menos doloroso soltarse que mantenerse en él.

Ya no te veo venir, al menos yo que te he visto ir y no volver; ni siquiera me has dejado un recuerdo tuyo para que pueda soñarte.

Me aseguraste que dos son compañía y tres son multitud, y por mucho tiempo creí que yo era la compañía, pero acabé por darme cuenta que era la multitud. Así que supuse que había gato encerrado, aunque no sé qué pinta el gato en todo esto, a lo mejor ni sabe pintar.

No sé si te has dado cuenta de que nos separa una distancia demasiado grande: desde el suelo en el que estás tú hasta el cielo en el que estoy yo. Siempre decías que estaba en las nubes, ¿no?

Me gustaría que me hubieras buscado las cosquillas en vez de buscarme las heridas.

No sé cómo poner al mal tiempo buena cara, tal vez preferiría poner buenos besos, pero es que no estás y yo ya estoy hasta las cicatrices de ti.

Y ahora me he caído del burro, aunque yo juraría que era un elefante volador. O quizá me he andado tanto por las ramas que alguna se ha roto y me he estrellado contra el suelo.

Supongo que por estar en la Luna, a la tercera va la caída.

19 de agosto de 2016

Limerencia

Me quedo unos segundos pensativa.

-Hay algo que me preocupa- le digo girando la cabeza hacia él para poder verle de frente-. Y es una preocupación alarmante.

Me mira frunciendo el ceño mientras espera que continúe hablando, como hace siempre que tengo que contarle algo que me ronda la cabeza; como intentando adivinar qué es antes de que lo diga, pero como si, al mismo tiempo, estuviera impaciente por saberlo.

-Yo podría pasarme horas así- explico haciendo un movimiento con el brazo, abarcando la situación en la que nos encontramos-. Simplemente mirándote, sintiéndote, sabiendo que estás; pero tengo la sensación de que a ti no te basta, que tú no estás del todo cómodo con ésto, que preferirías encontrarte en otra situación. Y, de algún modo, sentir eso me aterroriza. ¿Estoy en lo cierto?

-Más o menos- contesta tras mostrarse pensativo unos instantes-. Es cierto que con otra persona pudiera sentirme más cómodo en otra situación; pero estoy contigo, y el simple hecho de saber que tú te sientes bien, que te gusta estar conmigo, que te tengo aquí, a mí me vale. No necesito nada más para ser feliz. Yo no podría sentirme bien si tú no te sintieras bien, ¿lo entiendes? Ahora mismo, yo me siento perfecto así, aunque espero que comprendas que tal vez necesite algo más en otro momento, pero no ahora.

Asiento con la cabeza, vuelvo a mirar al frente y suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo; mis músculos se destensan y respiro aliviada mientras sus manos rodean las mías; el pecho se me desinfla y cierro los ojos llena de dicha, sin necesitar nada más que su respiración acompasada a la mía.

16 de agosto de 2016

Luces en la oscuridad

No sucede como esperas
ni como piensas
ni como crees.
Sucede y punto.

Cuando todo va mal, cuando te hundes y no hay final para impulsarte, cuando la luz desaparece del todo, algo pasa que cambia las cosas.
Y entonces ves un resquicio de luz que te anima a continuar.

No es lo que esperas
ni lo que piensas
ni lo que crees.
Es lo que es y punto.

Aunque en ese momento no se te ocurre ignorar una pequeña luciérnaga que te ilumina mínimamente la situación porque no es lo que querías. No, no lo haces. En ese momento te da igual, lo aceptas y esperas a que llegue algo más.
Y entonces ese algo llega.

No es como esperas
ni como piensas
ni como crees.
Esperas tan poco que es incluso mejor.

Serendipia

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de mi cuerpo. Tengo los pies entumecidos y apenas puedo aspirar alguna bocanada de aire de vez en cuando. El frío me recorre los huesos; no siento ya nada. Me gustaría encontrar una forma de salir de aquí.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de mis pensamientos. Solo estoy acompañada por mis emociones que, poco a poco, se están apagando como se esconde el sol al finalizar cada jornada.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrdedor de mis recuerdos. Ahora estoy empezando a olvidar; creo que es la mejor opción pues, si cuando el aire sea sustituido por el agua ya no soy capaz de rememorar, quizá no tenga nada que lamentar.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de mi vida. Siento la sal en la garganta y el peso de cada error hundiéndome con demasiada rapidez; supongo que es lo justo: tal vez deba pagar por cada fallo.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de lo único que no voy a abandonar. Repito en mi cabeza los versos de un poema que hablaba de la libertad. Ya no recuerdo su nombre y, si intento visualizar las palabras, se vuelven borrosas. Pero en mi cabeza se reproduce casi sin dificultad. Este momento se parece a la libertad por la que siempre he luchado.

Hay un océano oscuro y helado que se expande alrededor de mí. Sé que no hay salvación, estoy perdiendo los sentidos. Pero no tengo miedo a morir, quizá la muerte sea este mar que me mece casi con delicadeza. Puede que el fin no sea tan malo y, tal vez, en el último instante... sea feliz.

30 de julio de 2016

"Lo siento" y una sonrisa

Corrió hacia la cafetería, sabía que iba a llegar tarde, como siempre. Abrió la puerta con efusividad, lo que hizo que varias personas giraran la cabeza en busca de la persona que había destrozado la monotonía. Tras unos segundos de tensión, se dirigió hacia la mesa donde le esperaba y una mueca de culpabilidad se instaló en su rostro.

-Lo siento, de verdad- aseguró sentándose en la silla desocupada.

-No importa- mintió él; se veía a millas de distancia que estaba muy enfadado.

-Lo siento mucho- repitió ella, insegura, justo cuando la camarera se acercó a la mesa y les preguntó el pedido.

-Un café bombón- dijo él.

-Lo mismo- respondió ella haciendo un gesto con la cabeza.

La camarera se marchó a por sus pedidos y ambos se quedaron mirándose fijamente unos instantes hasta que, finalmente, ella rompió la conexión bajando la mirada hacia la mesa.

-Lo siento- repitió por tercera vez.

-Ya da igual- suspiró él-. Déjalo, ¿quieres?

Se produjo un silencio incómodo entre ambos y ninguno sabía cómo romperlo. 

-He traído algo para ti- dijo él finalmente, consiguiendo que ella alzara la vista y sus miradas chocaran.

Él metió la mano en una mochila que descansaba en la silla más próxima, sacó un pequeño paquete envuelto en papel de regalo y sujeto con una cuerda y lo depositó frente a ella, encima de la mesa. Sonrió mientras la observaba.

-Feliz cumpleaños.

26 de julio de 2016

Sincronización

Alzo la cabeza despacio; los compañeros a mis lados hacen lo mismo y la fila que formamos se mueve a la vez. De espaldas al público, cuento en mi mente los tiempos que quedan hasta que me toque dar la vuelta. Escucho la música atentamente y espero; primero se gira mi compñaera, posicionada varias personas a mi derecha; poco después me giro yo, me muestro a los espectadores; y, por último, se gira otra de mis compañeras, posicionada a mi otro lado. En realidad no las veo, pero sé que lo han hecho.
Caminamos las tres hacia delante mientras que el resto del grupo se queda en la fila, sin moverse. Me paro cuando llego a mi destino y muevo los brazos segundos después. Los movimientos son sencillos y naturales, hago unos pasos, los repito una vez para que se una mi compañera de la izquierda y los vuelvo a repetir para que se una mi otra compañera. Las tres nos agachamos, mirando hacia el suelo, y nos quedamos inmóviles mientras el resto baila detrás de nosotras. 
Sé que todo está saliendo bien, no necesito verlas para saber que están ahí, que las tres estamos sincronizadas. Las siento, somos como un aparato con diferentes piezas. Si se mueve una, se mueve la otra. Siempre en equilibrio, siempre comprenetadas. Eso es lo bello de bailar en grupo, lo bello de bailar sintiendo a los compañeros, sientiendo su presencia.

24 de julio de 2016

Miradas

¿Alguna vez te has parado a mirar a alguien tan fijamente que todo lo demás se desvaneciera? ¿Alguna vez has intentado ver más allá de sus ojos? ¿Alguna vez has intentado observar sus pensamientos? ¿Sentir sus sentimientos? ¿Vivir su vida? ¿Amar su amor? ¿Olvidarte de ti? ¿Llorar sus lágrimas? ¿Ver a través de sus ojos? ¿Abrazar su alma? ¿Hablar sus palabras?

Si no lo has hecho,

no lo hagas. 

No lo intentes.

Porque si lo haces... 
Si lo consigues... 
Entonces estarás encadenado para siempre; encadenado a sus ojos, a su mirada, a su alma.

Y una vez atado... 
Una vez atado ya no hay vuelta atrás.


18 de julio de 2016

Subidón de confianza

¿Cuántos pasos estoy dispuesta a dar hasta convertirme en un ser de energía positiva?

Tengo que poner buenas acciones en el platillo para que la balanza se incline hacia la luz y la persistencia. 

Debo crear la moda de la determinación para vestirme con ella en días que puedan parecer complicados.

Podría buscar los átomos de seguridad e impregnarme de ellos, como un perfume de buena suerte.

Quizá evitar que los soldados del dolor causen demasiados estragos en mí y negociar con el General para realizar un acuerdo de paz.

Pintar las cicatrices de mi cuerpo con colores de optimismo y dejar que brillen sin miedo.

Trazar puertas y ventanas en mi vida para dejar entrar la confianza, permitir que me acompañe a lo largo de mi camino.

Hacer de la felicidad mi propia gravedad.

Apoyarme en el bastón del consuelo cuando me duelan los pies o tropiece con las piedras de la desesperación.

Blandir una espada para luchar contra la negatividad y el odio.
 
Y, de vez en cuando, descansar y hacer tablas para reafirmar una sonrisa.