31 de diciembre de 2015

Es que te quiero...

Quería que me encontraras en las estrellas.
En cada uno de los sueños que soñaras.
En cada una de las palabras escritas.
En cada silencio que escucharas.
En cada paso que caminaras.
En cada pequeña ilusión.
En cada gran deleite.
En cada instante.
En cada miedo.
En el tiempo.
Porque yo
es que
te quiero.

30 de diciembre de 2015

Complejo de Brummel

-Mira qué bien viste, envidio su elegancia y su forma de llevarlo. Si yo me pusiera su ropa la gente se reiría de mí. Sin embargo, a ella le queda perfecta.

-Sí, a todos nos gustaría vestir así. No obstante, yo prefiero seguir sin destacar por ir tan arreglada si tuviera todo ese peso que ella lleva. No me gustaría sentir la obligación de ir elegante para que las gente me vea. No creo que ella sea feliz así a pesar de sonreír siempre y poder comprar ropa que los demás tan solo podemos soñar con obtener. No, no creo que se sienta bien así. Supongo que solo intenta mostrarse superior en algo. Porque, ¿acaso te habrías fijado en ella si vistiera como todos los demás?

29 de diciembre de 2015

Dentro de la mente

Estás solo. La oscuridad te rodea y el vacío amenaza con ahogarte. Respiras con dificultad... Y escuchas una voz lejana.

-No es consciente del dolor al que le someteremos cuando tenga que decidir. Ahora solo siente confusión y necesita aclarar sus ideas para poder encontrar una solución.

Una decisión. Tienes que tomar una decisión. Pero, ¿qué decisión?
En tu mente aparece una figura poco definida. No consigues centrar la vista y únicamente ves sombras.

"¿Qué decisión?"

La sombra se ríe de ti haciendo eco de tus pensamientos y la ira lo llena todo por un instante.
Sientes la tentación de abrir los ojos, aunque la luz que se cuela por entre las rendijas de tus párpados te hace daño.
Las sensaciones te abruman y respiras con más velocidad. Sientes el mundo sobre tus hombros y una lágrima casi invisible se desliza por tu mejilla.

"¿Qué decisión?"

-Está despierto.

Suena como un grito en tu mente. Sabes que a partir de ese momento todo va a ir mal, que te van a arrebatar la felicidad como quien quita un caramelo a un niño... Pero te da igual. Por algún extraño motivo no te importa. Te da lo mismo. Y una voz interrumpe tus pensamientos entremezclados.

"Déjate guiar por ellos. Ellos te cuidarán. No sientas temor y recuerda que te quiero, ¿vale?"

Por un instante no haces nada, como si el mundo se hubiera paralizado y, de pronto, todo empieza a ir a toda velocidad. Te cogen el brazo y te zarandean intentando que abras los ojos. Y lo haces. Te dejas llevar y te fías de esa voz que no sabes exactamente si ha sido un recuerdo o una ilusión de tu mente. Solo sabes que estás en un aprieto y que vas a tener que tomar, probablemente, la decisión más difícil de tu vida.


Puedes llamarme tonta

Puedes llamarme tonta por creer que el universo estaría de mi lado esta vez, por convencerme de que habría un para siempre tras esas miradas llenas de deseo, por pensar que el amor era eterno. Puedes llamarme estúpida por creer en alguien que sentía más dolor que alegría, que decía saber que conocía el anhelo, que susurraba al viento y parecía sincero. Puedes llamarme idiota por abrazar al miedo e intentar aferrar el tiempo aunque se escapara por entre mis dedos; porque miré al abismo y el abismo me miró y ahí me di cuenta de que Nietzsche tenía razón; porque sentí amargos mis pensamientos y dejó de escucharse el silencio; porque el barullo de emociones hizo eco en todos y cada uno de los recovecos de mi alma y porque el vacío fue llenado por la nada. Porque preferí ignorar a Einstein y pensé que algún día dejaría de haber estupidez y que el universo sería efímero, pero me equivocaba, no se deja de ser estúpido, solo deja de mostrarse.
Puedes llamarme tonta por intentar complacer a todos los demás y por temer a mi propio miedo, por asustarme de mi sombra y permitir que el frío arranque, una a una, las capas de mi alma hasta desnudarla por completo. Por ser capaz de mentirme una y otra vez hasta que las mentiras se convierten en verdades. Por no saber mostrarme al mundo y por arrinconar mi felicidad en el hueco más oscuro y recóndito de mi mente. Por recordarme todos los actos que me han hecho daño para volver a sentir el sufrimiento.
Puedes llamarme tonta, sí, pues lo soy tanto que yo también me lo considero.

17 de diciembre de 2015

Yo he decidido olvidar...

Recuerda tú que puedes esas noches de verano paseando por la playa, los besos a la luz de la luna, las palabras que volaron con el viento y que coloreaban nuestras vidas.
Recuerda tú que puedes esa felicidad que llenaba nuestros días y que nunca imaginamos que sería efímera.
Recuerda tú que puedes el amor que éramos capaces de sentir, las miradas que nos hacían volar y las caricias que nos hacían estremecer.
Recuerda tú que puedes porque yo he decidido olvidar, porque fue maravilloso y ya no está, porque ahora me tortura día tras día y no soy capaz ni tengo la fuerza suficiente para soportarlo.
Recuerda, por favor, tú que puedes porque a mí me mata que todo haya acabado y no quiero soportar, no más.

3 de diciembre de 2015

Descontrol

Se avecina una tormenta y no estoy preparada. No estoy lista para soportar lo que pueda llegar, no sé qué podré hacer para que mi vida no se derrumbe cuando la tormenta arribe. 
Se avecina una tormenta peligrosa y enfadada y no tengo motivos para creer que saldré bien parada esta vez. No he hecho nada para suponer que no descargará sobre mi ventana. No siento nada que me diga que tendrá piedad conmigo.
He creado una tormenta que se ha descontrolado, he creado un huracán que me va a atrapar en su centro y tengo miedo de no conseguir escapar. No puedo seguir fingiendo que no tengo la culpa, pues fue mía la decisión de crearlo. 
Siento miedo por esa tormenta que se avecina, pero siento más miedo por el vacío que haya después. No encuentro la solución que arregle el descontrol. Y quizás no la haya. 
Tengo miedo de que el mundo sepa que fue culpa mía, que yo creé la tormenta y que no puedo hacer nada para acabar con ella. Tengo miedo de que, cuando acabe, todos vean al culpable de los destrozos.