4 de noviembre de 2015

Mentiras e inseguridades

Somos una mentira, nuestra vida se basa en mentiras, todos a quienes conocemos, o creemos conocer, mienten. 
Todo lo que hacemos o pensamos depende de las redes sociales, nuestra felicidad está influenciada por la cantidad de likes que tenemos o por el número de seguidores que aparece en nuestro perfil. 
Juzgamos a las personas a partir de una foto o una opinión que han querido expresar. Se supone que es un país libre y quizá lo es... Todo el mundo lo dice, ¿no? Pero a costa de que te falten al respeto, de que te insulten, de que te miren mal por tener un pensamiento diferente. Eso no es libertad. 

Toda nuestra felicidad depende de si comentan una foto, de si retwittean lo que dices o le dan a me gusta. Pertenecemos a una sociedad manipuladora, llena de mentiras, que valoran más el físico que aquello que no podemos ver. Gracias a esta sociedad ya no tenemos personalidad, somos copias de gente que dedica su vida a controlarnos. Seguimos a cualquiera que parezca importante, no por lo que hace para que haya más felicidad en el mundo o más igualdad, sino por el número de gente que le copia y que intenta parecerse a él, por su apariencia, por lo famoso que pueda llegar a ser y porque está de moda
Decidimos aceptar a alguien o no según su belleza, tomamos como referentes a personas a quienes no les importa nada más que la popularidad, a quienes no les importamos, a gente que no conocemos de nada, gente que finge ser quien no es. Tenemos como referente a gente que quiere que veas únicamente lo que te muestra, que todo lo que hace está planificado al milímetro. 
Damos me gusta a una foto y la aceptamos y compartimos cuando en realidad tiene una gran cantidad de retoques, porque falsean el aspecto de las personas y nos da lo mismo.

Si alguien que no esperas te comenta algo es de lo que después vas a hablar, no hay nada más que hacer que cotillear lo que hacen los demás y juzgar si es lo correcto o no, opinar si debería haber cambiado una palabra o quizá un emoticono. Presuponemos que la persona es de una manera concreta cuando ni siquiera la conocemos. 
¿Y tenemos derecho a llamarnos personas?

Somos conscientes de lo que hacemos, de que estamos criticando la mayor parte del tiempo, de que no somos felices hasta que vemos que nuestro número de seguidores aumenta, hasta que alguien comenta que le gusta la foto que has subido. 
Nuestra felicidad depende de una cifra. 

Me niego a aceptar que unos números marquen la diferencia entre ser feliz o no, que si no tienes muchos seguidores o likes te sientas más inseguro e inferior y que nuestra autoestima baje cada vez que vemos fotos más espectaculares a pesar de la planificación que pueda tener para que parezca natural.

Me niego a aceptar que la sociedad esté basada en la frialdad y en el cotilleo, en querer saber lo que están haciendo los demás en todo momento y decidir si una persona merece nuestra aprobación o no por unas cuantas fotos o mensajes, en basar nuestra vida en un engaño constante.

Me niego a aceptar que nos sintamos inseguros al no saber que opinan los demás de nosotros en una foto que probablemente sea mentira o que entremos en ansiedad si alguna vez no podemos mirar las redes sociales porque no sabemos lo que está pasando en el mundo. 
¡¡Existen las noticias y los periódicos!!

Me niego a aceptar que el mundo tenga el derecho de valorar tu importancia si eres más guapo o más feo, o que si alguien que no esperabas te ha dejado un comentario en una foto sea lo primero que hablas con tus amigos. 
¿De verdad tenemos que pasar por esto?

No quiero formar parte de una sociedad que tiene más vida en internet que en la realidad, no quiero ser una marioneta y una copia manipulada por gente a la que no importamos.
No quiero formar parte de una sociedad en la que la felicidad dependa de una cifra.

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