16 de noviembre de 2015

¿Y si...?

Piensa en un mundo en el que no existe el dinero. Piensa que no hay armas. Piensa que gobierna la PAZ. Piensa que todo comienza con un círculo. Cada persona ayuda a otra persona y esa otra persona ayuda a otra. Si esta acción continuara, cuando la primera persona necesitara ayuda la recibiría.

¿Y si se trabajara para que la sociedad funcionara mejor? ¿Y si se viviera sin mentiras? ¿Y si no hubiera gente ansiando el poder? ¿Y si no estuviéramos manipulados ni controlados? ¿Y si a los niños desde pequeños se les enseñara la importancia del respeto, de la misericordia, de la amabilidad, de amar a otras personas...? ¿Y si hubiera un cambio de mentalidad y dejáramos de querer dinero y poder?
Se acabarían las religiones, pues la gente no necesitaría buscar la felicidad más allá de este mundo; no habría guerras porque la gente no estaría constantemente obsesionada con el poder; no habría pobreza ya que todos ayudarían a todos; no habría dolor por las injusticias porque todos estarían dispuestos a trabajar por una sociedad mejor.
Si no fuéramos marionetas de gente con avaricia a la que apenas importamos quizá no habría revoluciones ni odio. Quizá si no se consideraran a unas personas más importantes que otras no habrían fronteras ni asesinatos, quizá si no creyéramos que unos merecen más atención que otros no habría dolor ni angustia. Quizá si viéramos que todos somos iguales no tendríamos esa convicción de que hay muertes más importantes que otras, quizá ni siquiera habría muertes.

¿Y si la mentalidad humana cambiara? ¿Y si todos colaboráramos por un mundo mejor? ¿Y si dejáramos de estar obsesionados con tener territorios? ¿Y si dejáramos de exterminar culturas? ¿Y si dejáramos de crear guerras por diferencias entre las personas? ¿Y si de verdad pensáramos que todos somos iguales? ¿Y si dejáramos a un lado los prejuicios? ¿Y si realmente hubiera PAZ? ¿Y si no hubiera luchas constantes? ¿Y si la solución no fueran las guerras?
¿Y si...?

14 de noviembre de 2015

No es solo por París o por Francia

No es solo por París o por Francia, es por todas aquellas personas que han muerto y morirán porque alguien decidió tomar decisiones que no debieron ser llevadas a cabo; es por todas las familias de todo el mundo que han vivido la muerte de primera mano y por esas lágrimas que no debieron ser derramadas. Es por los niños que no volverán a ver a sus padres o por los padres que no volverán a ver a sus niños. Es por todas esas sonrisas perdidas, por esa alegría que ha sido sustituida por el terror.
Es por esos ojos que vieron la masacre justo delante y por toda esa confusión que se creó cuando nadie sabía qué hacer. Es por el deseo que permanecerá siempre en acabar con las guerras y con el dolor. Es por ese sentimiento de angustia que no se irá nunca.

No es solo por París o por Francia, hoy les ha tocado a ellos y nadie nos asegura que mañana no seamos nosotros los que tengamos que vivir con la pena arrancándonos el alma. Nadie puede afirmar que mañana no seamos nosotros los que escuchemos los disparos tan cerca nuestra que retumbe en las paredes, que veamos sangre por las calles y gente sin vida sobre los charcos rojos; gente conocida con unas cuantas balas sin piedad por todo el cuerpo. Nadie puede asegurarnos que mañana no seamos nosotros los que sintamos un vacío porque alguien nos arrebató a las personas que queremos. Nadie nos asegura que mañana no seamos nosotros los que sintamos dolor, que nos sacrifiquen por algo que no merecemos, que muramos porque hay gente que disfruta al ver todo el dolor que está causando.

No es solo por París o por Francia, la humanidad está en juego, las personas inocentes están muriendo injustamente y las familias no saben cómo vivir con la pérdida.
Sí, hoy han sido ellos, pero... ¿Cómo sabemos que mañana no seremos nosotros?

12 de noviembre de 2015

Tenía miedo

Tenía miedo.
Temía el momento en volver a ver esos ojos traspasando mi alma... y no saber cómo reaccionar.
Temía sentir su calor cerca de mí... y no poder respirar.
Temía el momento en el que le quisiera tanto que dejara de ser yo misma, en el que perdiera mi forma de ser por él, en perder mi vida por desear ver su rostro, en el que verle se convirtiera en el motivo de mi existencia. Temía enamorarme y que desapareciera, que me llevara a las nubes y me abandonara allí, que me acariciara el alma y me matara de frío por su ausencia. Temía no volver a sentir los escalofríos que recorrían mi ser y que pintara lágrimas de sangre en mis ojos; que dibujara sonrisas en mi rostro y luego las borrara; que escribiera con tinta de su sangre sobre mi piel y dejara su recuerdo conmigo cuando marchara. Temía sentir tanto dolor que deseara dejar de existir, de no poder pensar otra cosa que en el temblor de mi corazón. Temía no volver a encontrar felicidad alguna en mí y temía perder mis sueños y que esos momentos felices a su lado hubieran sido en vano.
Tenía miedo, tanto como para no querer arriesgarme, tanto como para encerrarme en un vacío y una oscuridad permanentes, tanto como para intentar olvidarlo todo.
Tenía miedo...

4 de noviembre de 2015

Mentiras e inseguridades

Somos una mentira, nuestra vida se basa en mentiras, todos a quienes conocemos, o creemos conocer, mienten. 
Todo lo que hacemos o pensamos depende de las redes sociales, nuestra felicidad está influenciada por la cantidad de likes que tenemos o por el número de seguidores que aparece en nuestro perfil. 
Juzgamos a las personas a partir de una foto o una opinión que han querido expresar. Se supone que es un país libre y quizá lo es... Todo el mundo lo dice, ¿no? Pero a costa de que te falten al respeto, de que te insulten, de que te miren mal por tener un pensamiento diferente. Eso no es libertad. 

Toda nuestra felicidad depende de si comentan una foto, de si retwittean lo que dices o le dan a me gusta. Pertenecemos a una sociedad manipuladora, llena de mentiras, que valoran más el físico que aquello que no podemos ver. Gracias a esta sociedad ya no tenemos personalidad, somos copias de gente que dedica su vida a controlarnos. Seguimos a cualquiera que parezca importante, no por lo que hace para que haya más felicidad en el mundo o más igualdad, sino por el número de gente que le copia y que intenta parecerse a él, por su apariencia, por lo famoso que pueda llegar a ser y porque está de moda
Decidimos aceptar a alguien o no según su belleza, tomamos como referentes a personas a quienes no les importa nada más que la popularidad, a quienes no les importamos, a gente que no conocemos de nada, gente que finge ser quien no es. Tenemos como referente a gente que quiere que veas únicamente lo que te muestra, que todo lo que hace está planificado al milímetro. 
Damos me gusta a una foto y la aceptamos y compartimos cuando en realidad tiene una gran cantidad de retoques, porque falsean el aspecto de las personas y nos da lo mismo.

Si alguien que no esperas te comenta algo es de lo que después vas a hablar, no hay nada más que hacer que cotillear lo que hacen los demás y juzgar si es lo correcto o no, opinar si debería haber cambiado una palabra o quizá un emoticono. Presuponemos que la persona es de una manera concreta cuando ni siquiera la conocemos. 
¿Y tenemos derecho a llamarnos personas?

Somos conscientes de lo que hacemos, de que estamos criticando la mayor parte del tiempo, de que no somos felices hasta que vemos que nuestro número de seguidores aumenta, hasta que alguien comenta que le gusta la foto que has subido. 
Nuestra felicidad depende de una cifra. 

Me niego a aceptar que unos números marquen la diferencia entre ser feliz o no, que si no tienes muchos seguidores o likes te sientas más inseguro e inferior y que nuestra autoestima baje cada vez que vemos fotos más espectaculares a pesar de la planificación que pueda tener para que parezca natural.

Me niego a aceptar que la sociedad esté basada en la frialdad y en el cotilleo, en querer saber lo que están haciendo los demás en todo momento y decidir si una persona merece nuestra aprobación o no por unas cuantas fotos o mensajes, en basar nuestra vida en un engaño constante.

Me niego a aceptar que nos sintamos inseguros al no saber que opinan los demás de nosotros en una foto que probablemente sea mentira o que entremos en ansiedad si alguna vez no podemos mirar las redes sociales porque no sabemos lo que está pasando en el mundo. 
¡¡Existen las noticias y los periódicos!!

Me niego a aceptar que el mundo tenga el derecho de valorar tu importancia si eres más guapo o más feo, o que si alguien que no esperabas te ha dejado un comentario en una foto sea lo primero que hablas con tus amigos. 
¿De verdad tenemos que pasar por esto?

No quiero formar parte de una sociedad que tiene más vida en internet que en la realidad, no quiero ser una marioneta y una copia manipulada por gente a la que no importamos.
No quiero formar parte de una sociedad en la que la felicidad dependa de una cifra.