5 de octubre de 2015

Equivocación

Tengo miedo, mamá.

Un día me dijiste que los monstruos no existían. Pero te equivocabas, mamá.
Los monstruos existen, yo he conocido a uno. Está ahí todo el tiempo. A veces me hace daño al llegar de clase. Se acerca a mí y me echa su aliento amargo en la cara. Me salpica con el líquido de la botella que tiene en la mano y no le importa. Me agarra tan fuerte del brazo que me suele hacer moretones. Me quita la ropa, normalmente rompiéndola y me hace llorar. Me grita y me hace mucho daño.

Tengo miedo, mamá.

No estás para salvarme de este monstruo. Dijiste que los monstruos no existían. Pero hay uno que vive conmigo y me da mucho miedo llegar a casa todos los días. Aunque más miedo me da no llegar a casa. Tengo miedo de que un día no haya nadie en casa, que esté todo oscuro y vacío.
Tengo miedo de encontrarme con él todos los días, de que todo esto nunca acabe y tengo miedo de que acabe.
Tengo miedo del monstruo que vive en casa.

Tengo miedo, mamá.

Te fuiste un día y no sé el motivo de que me abandonaras. Quiero estar contigo, mamá. Quiero que el monstruo deje de existir, que deje de hacerme daño. Porque cuando no estás... Tengo miedo, mamá. Cuando no estás tengo mucho miedo.

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