5 de octubre de 2015

Desayuno luminoso

Se levanta, se estira y sale del dormitorio. Me deja sola en la habitación para que pueda pensar y ser consciente de lo que ha pasado.
Recompongo la escena anterior en mi cabeza, sus manos sobre mi piel, sus labios en mi cuello, sus estremecimientos haciéndome temblar... Me pongo nerviosa y sonrío para mí misma. Mis mejillas se tornan rojas y me entra algo de vergüenza. Respiro agitada.

Entra a la habitación cuando yo ya me he vestido con el pijama. Trae comida en una bandeja. Zumos, tostadas, bollos, chocolate, fruta... Todo para los dos. El estómago me resuena y el suelta una risa disimulada que me hace reír a mí también. Deja la bandeja sobre la cama y se sienta frente a mí. 
Me mira con los ojos brillantes y yo alzo las cejas mientras esbozo una sonrisa y me muerdo el labio. Él mira hacia abajo dos segundos riendo y yo empiezo a comer llena de dicha.

La verdad es que este es un momento maravilloso. La luz de la mañana entra en la habitación y las cortinas blancas evitan que entre mucho sol. Lo justo para que sea una mañana perfecta. La comida está perfecta. No cambiaría este día por nada. Supongo que era verdad eso de que al final lo bueno llega pues la felicidad ha arribado a mi vida junto a él. 

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