24 de septiembre de 2015

Temor

Mirando a la distancia, ella sufre en silencio. No tiene ganas de hablar, no tiene ganas de pensar. Pero piensa y quiere contarlo a pesar de que es incapaz.
En un rincón de su mente ella llora en silencio. No hay nadie para animarla. No hay forma de salir de ahí. Todo el mundo la mira y la critica en las clases, o eso es lo que ella cree. La verdad es que solo es su percepción de la vida, aunque no sea cierto. 
Oculta su mirada en la almohada y suelta un grito ahogado que no le dejaba respirar. Está cansada de todo y nadie la escucha. ¿Por qué no hay nadie ahí cuando lo necesita? 
No sabe qué hacer, los problemas se le acumulan. Pero no puede hacer nada así que solo calla.
Permite que el dolor le amargue el corazón, que todo lo que llevaba tiempo intentando evitar creer se cuele entre sus pensamientos, que el miedo se apodere de ella. Se permite creer que es horrible, que no merece la sonrisa de nadie, que todo lo que ha hecho ha estado mal.
Intenta calmarse pero, vaya, el ataque de ansiedad está ahí. Tiene miedo de su propio reflejo, tiene miedo de la tentación, de no poder evitarla. De no conseguir evitar entrar en la cocina y comer todo los dulces que encuentre. Teme no poder controlarse y volverse loca.
Pero, por encima de todo, teme que su autoestima quede siempre a ese nivel. 

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