24 de septiembre de 2015

Sola, terriblemente sola

Estoy sola, terriblemente sola. No hay nadie. Las lágrimas caen por mi rostro y no hay nadie a quién llamar para que las elimine. No hay nadie a quién abrazar más que a mí misma. No sé que hacer, estoy sola.
Siento dolor y una presión en el pecho que apenas me deja respirar. Me vuelvo a sentir como si fuera una niña pequeña a la que acaban de reñir por hacer algo mal. Solo que esta vez lo único que he hecho mal es ser yo misma y eso no lo puedo cambiar. Porque cada vez aguanto menos y exploto con más frecuencia. No puedo sentir nada más que dolor y el peso de la soledad que me hunde en el suelo del camino que sin querer he escogido en esta vida. No veo el final de todo. No veo la luz. No veo nada porque lo único que logro distinguir es el sonido de mi corazón esperando a que todo cambie. Aunque sé que eso no va a pasar.
Porque estoy sola en medio de un montón de gente que se hace pasar por amigos aunque en realidad no lo son. Porque no importo a nadie.
Estoy sola, terriblemente sola. A nadie le importan mis lágrimas. Nadie las ve, quizá soy invisible a ojos de todas las personas. Nadie ve mis ojos rojos. Nadie siente mi dolor y el vacío que yo siento. Nadie ve mis esfuerzos por no echarme a llorar delante de ellos. Es difícil reprimir constantemente las lágrimas, ¿sabes? Y cada vez tengo menos fuerza. Cada vez puedo soportarlo menos. Y no quiero llorar delante de nadie. No puedo hacerlo porque, si lo hago, pensarán que es para llamar la atención y hacerme notar. Así que no puedo llorar.
Estoy sola, terriblemente sola. No hay nadie.

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