25 de septiembre de 2015

Ruleta rusa

Sitúa el índice en el gatillo. Contenemos la respiración cuando coloca la pistola en su sien. Aprieta el gatillo y... Nada sucede. Soltamos el aire. 
La tensión es palpable, todos nosotros tenemos los músculos rígidos y esperamos a que nos toque apuntarnos con el revólver y arriesgarnos a que la única bala nos atraviese el cráneo. 

¿Qué hago aquí? ¿De verdad quiero morir?

El siguiente coge el revólver. Quedan dos personas antes de que sea mi turno. Tengo miedo, aunque nunca lo diré. Apunta a su cabeza. Tenso los músculos y él mira a la nada. Aprieta el gatillo y la bala no sale. 

¿Estoy seguro de que esta es la solución?

De nuevo se repite el procedimiento. Una persona entre el que tiene el revólver entre sus manos y yo. No lo conozco. Me pregunto cómo habrá sido su vida para que haya acabado aquí. Veo como presiona el índice contra su posible muerte, un último gesto de despedida. Mas la respiración no se corta y no hay sangre. 

¿Debería echarme atrás? 

Sólo una persona, las tinieblas acechan. No sé bien si hago lo correcto. Mil pensamientos corren por mi mente a toda prisa. Momentos, lágrimas, despedidas, dolor... Tengo miedo a la muerte. Tengo miedo a la vida. 
A mi compañero de desgracias le tiembla la mano. Se apunta mientras veo una lágrima caer por su mejilla. Cree que va a morir. Yo no lo sé, quizá sí, quizá no. Si el vive quizá yo muera. Si yo muero los demás continuarán con sus vidas. 

¿Qué debo hacer? ¿Escapar y huir del dolor?

Dispara y... no muere. Mi turno. Me pasa el arma y yo la cojo. Tiene un tacto frío. Repito el procedimiento que han hecho todos. La imagen de la derrota aparece bajo mis párpados conforme se cierran al mismo tiempo que le doy permiso a la Muerte para que me lleve con ella. Tengo miedo y frío. Se me encoge el estómago cuando el índice se posa sobre el gatillo y respiro hondo antes de apretarlo. 

Ya no hay vuelta atrás.

La bala atraviesa mi cráneo y la Muerte se abalanza sobre mí apartándome de la vida.

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