28 de septiembre de 2015

Por orden de un superior

Montado en mi caballo cabalgué hasta que el suelo se volvió negro a mi alrededor. Moví mi cabeza a derecha y a izquierda para observar de nuevo a mis rivales sin saber muy bien qué órdenes tenían. 
La reina se acercó presuntuosa hacia mí y me miró con superioridad. Se quedó a mi lado, tan cerca que podía escuchar sus latidos. Pero no me tocó, aunque notaba sus ansias de arrancarme la cabeza.
Mi compañero se situó cerca de la reina y sonrió cuando vio que su rey se movía hacía la derecha incapaz de hacer otra acción. Un instante después, el caballero amigo se dirigió hacía mi situación a toda velocidad y su espada cortó a la reina blanca por la mitad haciendo que los restos de su rostro de piedra me arañaran.
El equipo blanco había perdido a su reina. ¿Quién dijo que la victoria no sería nuestra?

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