23 de septiembre de 2015

Gravedad

Intentas ocultarlo, hacer como si no sintieras nada cuando realmente lo único que deseas es un beso, una caricia, un gesto, una mirada cómplice que te haga sentir especial... El amor, tan complicado y confuso, te ha atrapado en su red.
Y ahora, cualquier cosa relacionada con esa persona se ha convertido en tu vida, en el más maravilloso de los universos. Vives esperando ese algo, esa respuesta que quizá nunca llegue, ese pequeño gesto que transforme tu vida por completo, que te haga sentir la persona más afortunada del mundo y que haga que todo lo demás pase a un segundo plano. Esa persona por la cual te desvives por hacerle feliz, que hace que un escalofrío recorra tu espalda cada vez que le ves, que consigue que la gravedad cambie y que te atraiga de una forma inevitable. Esa persona a la que podrías estar mirando horas y horas y no te cansarías, esa persona que te hace estremecer sólo con escuchar su voz o ver una sonrisa suya. Esa persona que te hace feliz por completo, que te cambia totalmente, que te sorprende a todas horas con pequeños detalles y gestos, que te pone de los nervios y no deja que ese temblor desaparezca del todo, que te hace sentir un cosquilleo por todo el cuerpo cada vez que te toca, que te enamora con cada acción, que te cuida sea cual sea el momento y se preocupa por ti, que te pilla mirándole una y otra vez, que te hace reír por cualquier cosa, que hace que tu corazón se acelere y tu respiración se vuelva entrecortada, que hace que tu pecho se contraiga y que sólo desees estar con esa persona a pesar de todo.
Pero hay veces que no puedes decir nada y debes soportar todo el peso de un amor secreto en tu espalda. Y eso duele, duele cuando no lo aguantas y, cuando ya no puedes soportarlo más, ese peso cae y todos ven lo que tanto tiempo has ocultado.

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