22 de mayo de 2018

Las cicatrices de las fotos que nunca hemos hecho

La gente está demasiado acostumbrada a abandonar a la primera de cambio, a renovar los sueños como si despertaran una y otra vez. A veces es más fácil desistir que seguir intentándolo, pero es que intentar ganar cuando no estás jugando es más imposible que curar unas cicatrices que tienden a sangrar cada canción favorita que regalaste inútilmente. Hay personas que en lugar de canciones parecen haber regalado sus sentimientos; personas que están demasiado eclipsadas por el dolor de tener cuchillos clavados en la espalda; personas que tienen los recuerdos malos en la lista de favoritos y los momentos bonitos en la lista de las cosas que verán mañana.

La memoria puede ser algo tan frágil como resistente, pero a mí no me queda resistencia que poner a los tsunámis que tratan de hacerme olvidar a base de ahogadillas los cuchillos incrustados que sujetan el papel de "pégame" en la piel. Tengo la piel llena de mapas de los viajes que he llenado de falsa magnificencia. Tengo la piel llena de fotos que nunca hemos hecho. Sigo suplicando socorro cuando no puedo hacer más esfuerzos para recordar y, aun habiéndome acostumbrado a dejar de pedir ayuda, sigo escuchando ese "no importa, ahora ya da igual".

6 de mayo de 2018

Seguir nadando

He sido poeta desterrado,
he perdido versos,
he encontrado miedos
y he comprendido que aquella frase de
"la vida es eso que pasa mientras tú estás haciendo otros planes"
no va mucho conmigo.

Aún sigo intentado tenerlo todo bajo control
porque todavía no me he dado cuenta
de que si leo la última frase del libro antes de tiempo
se pierde la magia de la historia,
que hay historias que merecen la pena leer una y otra vez
y otras que con una vez es suficiente,
que hay historias que hablan de gente
y gente que regala historias,
que las horas pasan
y las heridas no cicatrizan
porque estoy abriéndolas constantemente
para descubrir por qué las tengo.

Todavía busco la manera de salvaguardar a todas las personas que quiero,
pero algunas se esfuman y no me da tiempo;
estoy demasiado distraída
tratando de bailar sin tropezar con mi propio pie.

Vivo por dejarme llevar
y sobrevivo por esas personas que siempre están,
pase lo que pase, para echarte por encima un abrigo
cuando hace demasiado frío
como para hacer otra cosa que no sea temblar.

He aprendido que enamorarse es algo parecido
a cuando se te rompe el papel
donde tienes todos los versos que forman tu vida
y tardas demasiado tiempo en darte cuenta
de que también estaban en tu cabeza.

He comprendido por qué las personas siguen enamorándose
a pesar de todas las veces que les dejan
con un poema a medio hacer en la piel,
que luego lo piensas y te das cuenta
de que las rimas más bonitas son esas,
y que si piensas y entonces existes,
tal vez es por los sueños en los que vives.

Al fin he entendido que no hay que cerrar la puerta a los problemas;
que no tengo que dejarme caer en la primera orilla si naufrago
porque me puedo perder el resto de la isla
si no continúo andando;
y que la vida no se trata de dejarse llevar por la corriente
aunque haya tormenta y juegues al escondite con la muerte,
sino de seguir nadando.

1 de mayo de 2018

Pisa fuerte


Las cosas que nunca te digo, ¿sabes?
Las que se me enredan en la lengua
y se convierten en trabalenguas
de esos que nadie consigue decir tres veces seguidas.
Ésas son las cosas que más te gusta oír...
Y que no te voy a decir.

Qué fácil es decir mentiras,
pintarte una sonrisa al despertar,
mirarte al espejo y decirte que hoy no vas a llorar...
Y llorar.

Qué difícil es decir la verdad,
mirarte a los ojos
y decirte que no quieres limpiarte más
el maquillaje corrido de las mejillas.

Los sueños no se cumplen,
¿o era al revés?

Nos tienen demasiado mal acostumbrados, ¿no?
Todo se hace realidad
y si no...
Bueno, nadie tiene por qué enterarse.
Que hay más excepciones que reglas,
que las medidas varían dependiendo de quién mida,
que el hombre es la medida de todas las cosas,
que las cosas no son blancas o negras,
que la vida es dura... Pero es vida.

Pisa fuerte, dicen.
Pero cuidado, no molestes.
Alguien en algún lugar del mundo está durmiendo
y no querrás que se levante con el pie izquierdo.
Pide perdón.
Promete no volver a hacerlo.

Prometo...
Prometo quererte,
dices al espejo de la mala suerte.
Te gustaría hacer las cosas bien,
ser bonita,
que te mirasen,
que te sonrieran,
que te amasen.

Te voy a decir un secreto,
escucha atentamente:

Eres preciosa tal y como eres.
Y yo te quiero.
A ti.
Con tu mala costumbre de dejar que el pintauñas se descascarille,
con tu odiosa manía de doblar las esquinas de las páginas
porque un papel se podría caer,
con tu tonta obsesión de poner post its en todas partes.

Te quiero igual.
A ti.
Coge uno de esos post its y apúntalo ahí.

Apunta que los días son más bellos
cuando tus ojos brillan ilusionados,
que la gente mira y no te das cuenta
porque estás demasiado distraída
mirando al suelo para no tropezar.

Las piedras tienen ese mal vicio de meterse en nuestro camino,
pero es que desde el suelo se ve el cielo
y eso siempre ha sido una de las bellezas del universo.
La otra es tu sonrisa.

A veces ríes al recordar algo agradable.
Y juro que no he visto cosas más bonita
que tus pestañas enredarse
al entrecerrar los ojos cuando hay mucho sol.
O tus carcajadas más sinceras,
sin la mano delante de la boca,
sin tapujos.
Las de verdad,
las que iluminan ciudades enteras.

Permítete disfrutar más.
Te prometo que merece la pena.

27 de abril de 2018

La imagen del hombre muerto

El poema incierto,
el que recorre los brazos,
los versos,
los pulmones vacíos
y los ojos ciegos.

La misma mierda llenando el noticiario,
la imagen del hombre muerto
que ya no da pena ni miedo.
Su vida se ha quedado borrosa
y no ha sido por las lágrimas atrapadas
en los párpados de los hijos
cerrados a cal y canto
para no ver el sufrimiento.

Es curioso que para no sufrir
siempre insisten en ser los mejores,
en el triunfo de ganar al resto.
¿Y qué pasa con aquellos
que tienen como premio seguir viviendo?

La carrera al cien por cien
y alguien atrapado en el cero.
Lo has conseguido,
has llegado lejos
pero no ha sido suficiente.
Nunca es suficiente.
Nunca llegarás a ser una estrella,
son unos pocos y los muertos 
los que llegan a ellas.

Alguien mirándolas para pedir deseos.
Un niño levantando la cabeza hacia el firmamento
y susurrando: 
¿Papá?
Lo siento, se fue de viaje
y no ha vuelto.
Toca ser fuerte y luchar por unos derechos
que todavía no entiendes.

¿Quién lo entiende?
¿Cómo le vas a explicar
que quien le pone el chaleco salvavidas
es el mismo que le dio la pistola
al hombre que mató a su padre
y que encima miente?
Lo siento, pequeño.
Sigue mirando al cielo
y búscale allí,
que seguro que está en un mejor lugar
esperándote con el mayor premio.

Cierra los ojos y sueña con algo bonito,
te prometo que cuando los abras
ya no sentirás los pulmones vacíos.

10 de abril de 2018

Cuerpo convertido en poesía

Ella era poesía. No podía ser de otra forma. Vivía de emociones fuertes, de risas, de adrenalina. Bailaba, sonreía, vivía para sí misma... y, de vez en cuando, te dedicaba algún guiño y una mirada sugerente que se colaba en tu mente y te hacía ansiar más. Pero no te lo daba. Ponía rap a todo volumen -al volumen de su pelo revuelto- y dejaba que el delirio invadiese su cuerpo y su mente. Cerraba los ojos. No sé bien qué se le pasaba por la cabeza, pero seguro que era algo sublime. Cualquiera hubiera deseado poder entrar y descubrir esa maravilla. Ella era misterio digno de Sherlock Holmes. Tenía en sus pupilas tantos secretos que se dilataban al mirar a cualquier parte y cuando fijaba la vista en ti te atrapaba, te hacía enredarte en esa oscuridad, te invadía.

Ella era poesía, poesía pura. El poema que todo el mundo lee y del que nadie puede escapar. El verso que te hace llegar al éxtasis mental. Poesía. Con todo lo que es y todo lo que conlleva. Pero lo mejor es que ella no era consciente de ser una metáfora formada de manera excepcional y eso solo la hacía ser perfecta.

21 de marzo de 2018

Parsimonia

Te desnudas el alma despacio,
como quien quiere pasar desapercibido y no puede,
como el cobarde que disfruta de la partida
aun sabiendo que va a perder.
Te desnudas los secretos y me atraviesas
con esos ojos ardientes,
con esas pupilas que gritan mi nombre,
que me llaman y me reclaman,
que esconden tantísimas sonrisas
y tantísimos miedos.
Te desnudas las inquietudes
con esa parsimonia
que tú sabes y yo sé
que me hace temblar.
Y entonces te observo
y entonces me ves
y me doy cuenta de que lo sabes todo
sin necesidad de que abra la boca.
Y que querría tener mil palabras que dedicarte
aunque ambos sabemos 
que las cosas que no te he dicho
y las cosas que nunca te diré
se resumen en un "te quiero".

13 de marzo de 2018

Tres gritos afónicos

A veces vuelves a ser la niña
que juega con sus heridas abiertas
y es entonces cuando aparece alguien
que te mira y dice que, aunque no te lo creas,
se juega la vida por tu sonrisa.

···

Me enseñaste a ver a los que bebían
como esclavos del placer,
de esa sensación de vibrar
con adrenalina en las venas.
Y es curioso que ahora que salgo sola de fiesta
cada chupito de jägger sabe a ti.

···

No es el que viene en tren
para darte una sorpresa;
es el que sabe besarte
a pesar de los kilómetros
porque se la suda la distancia,
porque pone por encima el amor,
porque cierra los ojos
y es capaz de aparecer a tu lado
y susurrar versos en tu boca.
No es el que llama por teléfono
a las tantas de la madrugada,
es el que te provoca deseo
aun sin marcar la tecla de llamada.